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Pavel Lòpez
Uno de los personajes secundarios de “Omerta”, la más reciente incursión de Pavel Giroud en el largometraje de ficción, expresa a su adversario en pleno duelo ajedrecístico, algo así como”«Para ganar la partida casi siempre es necesario sacrificar una ficha”. En esta frase parece resumirse toda la ideología de la película. El protagonista de la historia, un ex miembro de la secreta cofradía de la mafia que habitó gustosa las penumbras de la Isla durante la primera mitad del siglo XX, viene a ser como ese eslabón “perdido”, incapacitado para integrarse a una nueva sociedad, cuyo diseño lo niega por completo. La estrategia política amparada en la necesidad de cambio y ruptura con el pasado, articulada con el triunfo de la Revolución cubana, tiene en este guardaespaldas de gangster, entrado en años y de profusa barriga, su absoluta negación o, si se quiere, a su agente más pasivo. En tal sentido, dicho personaje, interpretado magistralmente por el actor Manuel Porto, establece puntos de contacto con otros imprescindibles del cine cubano, como el Sergio de “Memorias del subdesarrollo”, o el Hipólito Garrigó de “Las doce sillas”, (filme, no por gusto, citado explícitamente en “Omerta”), ambos residuos de un contexto arcaico dinamitado por el empuje de la Revolución. No obstante, a diferencia del primero, divorciado de manera frontal tanto con su ascendencia burguesa, como con las exigencias de la naciente sociedad, el personaje de Porto mantiene intacta su fidelidad a ese mundo de antaño. De Hipólito Garrigó también marca una sustancial distancia, en tanto aquel ES ridiculizado todo el tiempo por el punto de vista autoral, mientras que el protagonista de “Omerta” corre otra suerte. Pavel se las agencia para extraer de la imperfección, torpeza y evidente propensión al fracaso de su antihéroe, la humanidad que el público espera. De su ”disfuncionalidad” nace su drama, y de este último se desprende su indiscutible atractivo. Como ya es común en el cine de este joven director, “Omerta” ostenta una impecable factura. Fotografía, dirección de arte, banda sonora y demás elementos expresivos dan fe de una planificada (y no por ello menos inspirada) puesta en escena, con lo cual se distancia del grosso de la producción cinematográfica del patio, casi siempre proclive a la chapucería técnica. Algún espectador ha comentado a la salida del cine: ”Parece una película europea”. Coincidimos con el planteamiento, no solo por los aspectos antes mencionados, sino también por el tono, el ritmo del discurso, en total desencuentro con la carcajada de la comedia costumbrista tópica, que ha invadido tradicionalmente nuestras pantallas. Vistos así, tema y estrategia discursiva se vinculan para hablarnos de la legitimidad de la diferencia, o más bien su costo y su saldo. “Omerta” deviene fábula de un hombre empeñado en no traicionar sus afectos, sean de la naturaleza que sean. Al igual que aquellos poetas franceses embelesados con la parte menos “luminosa” de la existencia humana, Giroud se deleita observando, y mostrándonos después, lo singular de aquello que se descompone, lo obsoleto y añejo; en fin, la rara e insondable caducidad.
Archivado en: 1- Pavel Giroud
Por: Hélios Molina
http://www.micmag.net/es/fotocine/138-pavel-giroud-un-cineaste-cubain-parle-en-toute-liberte-
1 Pavel Ruso y Giroud Francès… Decendencia francesa ?
- Mis antepasados llegan de Haiti, huyéndole a la Revolución de Louverture; luego se asentaron en la zona oriental de Cuba, fundando cafetales y mas tarde, en la zona central, fundamentalmente en Trinidad, donde crearon fundiciones. Hacían campanas para los ingenios. La campana mas famosa de todas es la de la torre de Trinidad, sale en todas las fotos de esa Hermosa Villa y me da mucho orgullo que mi apellido esté labrado en ese bronce. Sin embargo, mi descendencia realmente notable y que solo mis allegados conocen es de los Loynaz del Castillo. Mi abuela es prima hermana de una de las mas importantes poetisas de habla Hispana, Dulce María Loynaz y sobrina de un notable general Mambí, Enrique. Hablo de esto porque mi abuela murió recientemente y vivía muy orgullosa de fu familia. Nos inculcó el orgullo a todos.
2 La critica internacional te llama “el Truffaut Cubano” te conviene esa referencia ?
- Eso fue a raíz de “La Edad de la peseta”, mi primera cinta en solitario. Supuse siempre que la asociación era por mostrarme al mundo con una película protagonizada por un niño y tener esta muchos elementos en común con “Los 400 Golpes”. Realmente debuté en el cine, con una película llamada 3 VECES 2, compuesta por tres historias de tres directores, yo era uno de ellos. Aquella vez me asociaron a Hitchcock, porque la historia guardaba alguna relación con “Vertigo” y manejaba el suspense de manera constante. Son puras etiquetas. Lo curioso es que Truffaut no fue de esos cineastas que de primera me impactaron. La primera vez que vi Los 400 golpes, siendo muy joven, me aburrí tanto que cuando a mitad de película golpean al chico me dije, “Dios, todavía faltan 399 y llevamos una hora de película”. De cualquier manera es mejor que digan el “Truffaut Cubano” que el “Ed Wood” de Cuba.
3 Cual es la producción cinematográfica cubana ? Cuantas películas se producen cada ano ? Cuantos directores se destacan ?
-Ahora mismo está en un punto indescifrable. Hay una explosión, como en todo el mundo. Los chicos con sus cámaras amateurs comienzan a mostrar cosas notables. La industria estatal amaga con dinamizar su mecánica de producción y entablar una relación artística y comercial con los autónomos, pero con tanta prudencia, que se estanca en cada paso que da. Hay un director Cubano que es sin dudas el más importante, Fernando Pérez, el resto hemos logrado destacar alguna película en determinados circuitos, pero no nos hemos establecido a su nivel como creadores. En cuanto al volumen de producción es muy impreciso, porque hay tal descontrol que este año se puede estar estrenando una película que se rodó hace tres. Cuesta cumplir los organigramas; los autónomos porque no están creadas las condiciones para una producción independiente de nivel bajo parámetros completamente legales y fluidos y a la Industria estatal porque está sujeta a preceptos establecidos por un sistema económico y laboral de marcada ineficiencia que ha reconocido hasta el propio gobierno. Hay potencial para desarrollar el cine, pero hay que dinamitar los estrechos caminos por los que se ha conducido y crear nuevas autopistas. Lo que se está haciendo es pavimentar los viejos caminos y eso, en corto plazo, traerá mas problemas que logros.
4 Cuales son los actores del mundo cinematografico con quien amarias rodar un largometraje – si pudieses escoger ?
-Si te dijera que me encantaría rodar con Bardem, un actor impactante, Sean Penn o Daniel Day Lewis, sería muy frívolo, porque quizá no son los ideales para el personaje en cuestión del film que pretendo. Quisiera tener a mi disponibilidad, siempre, al actor cuyo rostro veo cada vez que escribo una línea del guión. Me parece una estupidez estirarle los ojos a Meryl Streep para que haga de china, habiendo tantas actrices Chinas buenas y quizá hasta desconocidas. Si me dieras a escoger, me siento más cómodo con actores talentosos desconocidos que con estrellas mediáticas, aunque estas tengan calidad profesional. Cuando hice “La edad de la peseta”, los productores Españoles pretendían a otra actríz para el personaje de La abuela, tenían en la mano a una muy muy conocida, que quizá hubiera potenciado la película a nivel comercial; sin embargo, mi apuesta por Mercedes Sampietro (conocida, pero no estrella), obedeció únicamente a la idoneidad de ella como actriz para el personaje, derivada de sus potencialidades, que ya conocía. La elección del actor puede definir el destino del proyecto y yo, como muchos, he acertado y me he equivocado.
5 El cine cubano parece estar protegido de la censura politica ? Hacer cine en Cuba una voluntad politica ?
- No se si entiendo bien tu pregunta. La censura llega a todas partes. Es censura desde la que tú te auto inoculas; la que establece el poder político, el poder religioso y el poder de los productores hasta la que establece el mercado. Todo eso establece parámetros y al salirte de ellos puedes ser víctima de la censura. En Cuba, no es que el cine esté menos censurado, es que quizá los cineastas son mas atrevidos a la hora de exponer o criticar que los periodistas, por solo ponerte un ejemplo y miden menos las consecuencias.. El cine en Cuba, surge porque había, en el instante de la fundación del ICAIC, una gran explosión social, derivada de un giro político radical y en medio de todo esto un gran potencial artístico desperdigado, que hasta ese entonces estaba atado. Aunque existía cine antes del triunfo Revolucionario, no es, hasta la fundación del ICAIC, que Cuba se coloca en el mapa cinematográfico mundial. Obviamente hubo una voluntad política lógica en su génesis. Había que mostrar al mundo como era la Cuba de entonces y justo lo que ocurre ahora por parte de los que rigen, es lo contrario, pretende mostrarse al mundo una Cuba que no existe ya. Para mi, hacer cine, crear, es una necesidad fisiológica. Es muy personal. No puedo contar la historia que pretenden los que dirigen, de la misma manera que no puedo hacer la película que pide el espectador. Los creadores que ni pretenden hacer panfleto político reafirmando la grandeza del sistema; ni tienen la postura de criticarlo burdamente, sin matices, con el fin de llegar a un espectador sediento de ver en la pantalla lo que está en su cabeza y bien lejos de su voz; tienen el camino mas largo, porque responden a sus demonios personales, que no son necesariamente los de la mayoría. Cuando tu meta es complacer, ya sea a los que rigen o los que consumen, para beneficiarte, no estás muy lejano de ser una puta. Con esto no resto importancia al espectador, pues a es sin duda quien complementa una película y estas se hacen con un destino, ellos. Pero no es lo mismo darle al espectador lo que quiere ver, que acercarlo a tu universo y seducirlo
6 Haces parte de esa nueva generacion de artistas que viaja bastante pero prefiere quedarse en Cuba ?
- Siempre han existido en Cuba artistas así. Vivir en Cuba es difícil, pero mas difícil debió haber sido para Tarzán crecer en la selva criado por simios y jugando con cachorros de tigres. En la vida hay que tener sentido común. A mi me puede faltar el aceite un día que me quiera comer un huevo frito y hasta el propio huevo y no encontrarlo en ninguna tienda; puedo estarme lavando la cabeza con un shampoo que me da caspa, porque el ideal para mi cabello no aparece; me puede sorprender un apagón justo cuando pretendo escribir la escena final de mi nuevo guión y muchas otras cosas que quizá no forman parte del día a día de gente de mi condición en otros lugares. Pero si pongo en una balanza, para mi es mucho mas importante, tener mi espacio para la creación y en Cuba me lo he forjado sin necesidad de ser un cederista destacado, un militante comunista, ir a marchas combativas o ser un actor mas dentro del teatro que es hoy Cuba, donde la doble moral, es el recurso que se tiene mas a mano para subsistir y es, a la vez, lo que mas jodido nos tiene. Aquí se sabe lo que yo pienso porque lo digo siempre. No hablo bajito en mi casa, ni en clave por teléfono. Muchos colegas culpan sus frustraciones con las limitaciones del sistema y yo digo que, cuando tu ímpetu se impone, puedes adecuarte a cualquier entorno, como Tarzán. Hay quien ha escrito su mejor libro prisionero en una celda estrecha, sin siquiera ver la luz del día. Por otra parte ¿Conoces algún cineasta Cubano, con obra notable previa, que haya logrado hacer una película relevante luego de su partida? Llevo tres años tratando de levantar un proyecto independiente que ha ganado muchos premios internacionales de nivel en su fase de guión y no lo he logrado, porque el problema del cine es ese y lo voy a tener donde quiera que viva: Levantar financiamiento para hacer la película. Otra cosa, ¿No crees que si todo el inconforme con lo que ocurre en Cuba se hubiera quedado y hubiera luchado como lucharon los que están hoy dirigiendo, no hubieran logrado algo? Si te vas a enfrentar al FC Barcelona, no puedes darte el lujo de que le saquen tarjeta roja a tus jugadores, porque si te quedas con 7 en el campo, Messi te mete 12 goles. Eso ha ocurrido aquí. El terreno ha quedado libre y los rivales, no necesariamente enemigos, que quedan en el campo, tienen miedo a jugar . Quizá un día me vaya de Cuba, pero tendrá la misma trascendencia que si un Suizo se muda al Caribe buscando sol y arena.
7 En el festival de cine hay colas de gente para ver películas. Verdadera afición de un publico o forma de escaparse de una cierta realidad ?
Hace unos años era pasión absoluta, ya no. Te lo digo con objetividad. En los cines Cubanos, desde que tengo uso de razón, han convivido los cinéfilos, las parejas de enamorados, los que van a hacerse pajas, los que entran a disfrutar del aire acondicionado debido a que es muy barato y los que no tienen nada mejor que hacer. Antes, te dabas cuenta que de los últimos habían menos. Si se escuchaban comentarios (el Cubano habla en el cine) tenían, aún en su perfil mas banal, una intensa relación con la película. No olvido hace años a dos vestidos de mecánicos y las manos llenas de grasa sentados detrás de mi y un amigo pintor, Raúl Cordero. Habíamos ido a ver una película de Jarmush. Nosotros, estúpidos, comenzamos a burlarnos de esos tipos que no solo por su indumentaria, sino por su manera de hablar, eran ajenos a lo que nosotros considerábamos público apto para ese cine, convencidos de que a los 5 minutos de metraje abandonarían la sala. Sin embargo, tuvimos que enrollarnos la lengua al escucharlos disertar sobre toda la obra de Jarmush. Ese fenómeno está muy bien retratado en el cortometraje “Utopía”, de Arturo Infante. Esa pasión general por el cine que llegó hasta hace 10 años mas o menos tuvo su génesis años atrás, cuando nos quedamos sin amparo Norteamericano y nos llegaba el cine de vanguardia del mundo entero, sobre todo de Europa. En Cuba habían muchas salas de cine, hoy derruidas, desaparecidas o con programaciones para Magos y Payasos. Allí, en todas, veías a Bergman, Fellini o Goddard en tu salida de domingo. Las nuevas generaciones están criadas con las películas del sábado en la noche, que generalmente son telemovies serie c y la deficiente programación de las salas de cine que se viene haciendo desde hace mucho. Para ver a Bergman tienes que esperar un lustro a que la cinemateca lo programe en su santa sede y para colmo, en DVD. Aquello que un día vieron todos, hoy es caza de unos pocos. El cine, que mas pegada tiene en la audiencia es el mas cercano al lenguaje televisivo y es que hasta he visto programadas en algunas salas, series de TV, la mas reciente, una española llamada Los Hombres de Paco. Algunos centros de arte , como el cine, la danza, las salas de concierto se han convertido en espacios para para matar el tiempo de mucha gente insensible, que estarían en otro sitio, si existiera. Esa insensibilidad generalizada está a flor de piel, incluso, en muchos de los que manejan la cultura del país. La aberración mas cercana que tiene que ver con esto que dices fue la solución buscada para recuperar dinero por parte de los programadores de las salas. En lugar de diseñar programas o ciclos cinematográficos interesantes, en lugar de trabajar un mínimo, decidieron promover funciones de reggueton y cantantes de moda. Todo ello ha convertido a la sala oscura cubana en algo muy lejano a lo que un día fue.
8 Adonde en Europa se puede ver tu filmografia ?
-“La edad de la peseta” ha sido distribuida por Warner en dvd de renta y a la venta por Deaplaneta. También tuvo venta a muchas televisoras y está programada en varios sitios de cine por Internet. “Omerta”, justamente tuvo serios conflictos de distribución por desacuerdos entre productores y distribuidores y quedó en zona de nadie. A esa peli le ha ido mal en todos los sentidos. No me queda otra que decirte que la descargues de algún sitio pirata si quieres verla, porque ahí si está. El cine Latinoamericano, en general, tiene espacios en los festivales Europeos y muy limitadas cuotas en salas. Algunos pocos dichosos logran estar por mucho tiempo en carteleras regulares comerciales.
9 Tu proxima pelicula ?
-Por sentido lógico debe ser “El Acompañante”, un guión que como guión le ha ido muy bien. Ganó el premio SGAE Julio Alejandro a mejor guión inédito del año 2010, La beca Fund Carolina-Casa de América en Madrid y ayudas de fondos como Cinergia y el Fest de Gotemborg a desarrollo de proyectos, pero en varios intentos de tomar vuelo se ha estrellado. No ha aparecido el productor ideal para ella. Ahora estoy en una nueva fase , empezando de cero y pretendo que acabe de despegar este año. Hay otro proyecto llamado “7 Balas”, una vieja historia en mis gavetas, que está tomando mucha fuerza, por lo extremo del relato y sobre todo por su sencillez a nivel de producción. Estoy dedicado a la escritura de una manera desaforada. Mis anteriores filmes(3V2, La edad de la peseta y Omerta) salieron uno detrás del otro y me viene muy bien esta pausa, para mirar lo hecho desde lejos y dedicarme a proyectos personales. Este año he hecho mi mejor película, se llama Roman, tiene un mes de nacido y pesa casi 10 libras.
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Por Maylin Machado
Enterrar plata en una botella en medio de la noche,
otro complot más en la serie de conjuras irónicas y
políticas que circulan desde siempre…
“En los primeros años de la década de los 60, La Habana vivía tiempos convulsos…” Antes miembros de una asociación paralela pero legítima, los integrantes del crimen organizado serían desterrados por el nuevo gobierno. Entre el exilio y el insilio, se convertirían en seres exóticos cuya existencia quedaría prácticamente relegada al plano de la ficción. La de la película comienza en la nostalgia. La añoranza de la acción de la que se ha visto privado su protagonista nos lo presenta como un héroe absurdo.
El absurdo depende tanto del hombre como del mundo, por eso, decía Camus, florece de una comparación, en este caso, entre esa dimensión de la imaginación que es la memoria del pasado y el presente de la historia. De ahí procede la alienación del personaje, de la constante evocación de un modo de vida que no tiene cabida en el nuevo entorno.
La condición de su integración es el cambio, el mismo cambio radical y feroz que el medio experimenta y que exige que los sujetos sociales sufran con él. Rolo es un extranjero en su propia tierra porque esa revolución que no puede seguir ni entender se la devuelve totalmente ajena. Quizás por eso, y a pesar de la fisonomía de Manuel Porto, nos parezca más cercano al personaje de Camus que al canon del gángster que todavía es el Padrino, o incluso a ese referente más actual y sensible que es ya Tony Soprano. Aunque existenciales, sus problemas no son precisamente consigo mismo sino con el contexto en el que vive.
El protagonista verbaliza el vacío que lo separa de ese mundo en transformación justo en el monólogo que le sirve de presentación y da inicio al filme. Lo escuchamos en off, como surgido del reverso del cuadro negro sobre el cual vemos caer diminutos copos blancos. Pero “eso que parece nieve es caspa –narra la voz. Dicen los médicos que son los nervios y no lo dudo. Desde que me licenciaron, me silenciaron. Hay quien dice que es sólo el comienzo, que me iré descascarando poco a poco hasta que no quede nada de mí. Espero que no sea tan lento, no me lo merezco. Soy de esa clase de hombres preparados para morir de un disparo en el pecho no postrado en una cama”. Sólo entonces, la música da paso al sonido de un zipper que abre el plano en dos y deja ver parte de la cara del que habla, como quien descorre una bolsa plástica del rostro de un cadáver.
Ese prólogo, el momento más emotivo de la película, quizás el único, es en sí mismo un diagnóstico. Más adelante, conoceremos que una visita al médico lo había hecho oficial. Éste rellena la historia clínica del paciente y parece anotar en ella lo que nosotros y Rolo sabemos ya: “Creo que la raíz de su problema es la inactividad”. Pero lo que realmente se determina aquí, hasta el punto de volverse efectivo, casi físico, es el divorcio resultante de la confrontación entre el protagonista y la realidad.
La comparación entre ambos había empezado con la antesala del filme. Tan pronto como Rolo, a modo de bienvenida, tocaba el arma para luego abandonarla en la gaveta, se ponía su dentadura, el anillo, nos guiñaba el ojo a través del espejo y sonreía, la cámara se desplazaba hacia la cubierta de un periódico que hablaba de revolución. A partir de entonces las imágenes que aludían a ésta se sucedían como en un noticiero ¿ICAIC? Hombre y mundo comenzaban así a medir expectativas, también fuerzas, porque la escena final de la secuencia introductoria nos presentaba la sociedad secreta, aún desconocida, para cerrar con el anuncio de su voto de lealtad: Omerta.
—¿Por qué no trabaja? –pregunta el médico e inicia así el debate que consuma el monólogo inicial.
—En este país ya no hay trabajo para hombres como yo… créame.
—Pues no tengo nada que recetarle –concluye, como aclarando que el único tratamiento para su afección psicológica es la integración.
—Me lo imagino, ni yo mismo sé por qué vine a verle –responde Rolo, cerrando el diálogo sobre esta línea y con él cualquier posibilidad de acuerdo.
El final de su alienación resulta imposible en el nuevo mundo, por eso la muerte parece seguir siendo la única salida al problema del absurdo. De hecho, así lo notificaba nuestro primer encuentro con el protagonista: aquella cara azulosa descubierta por un zipper. O, pregunta el médico: “¿Me quiere decir qué tipo de trabajo es el que le viene bien a usted?”
Este baño podía haber inaugurado la cinta. Sin embargo, llegamos a él después de casi treinta minutos de metraje, como si se precisara del primer síntoma de vitalidad de Rolo, ridículamente temerario, para revelar el origen. El del relato se halla tras la superficie ahumada de un espejo. Su mano la limpia hasta dejarnos ver parte de su rostro ahora barbudo. Un primer plano al anillo, sello de membresía, lo descubre abandonado sobre el lavabo. Luego, dedos que quitan el seguro y se ajustan al gatillo de un revólver; lo observamos colocárselo en la boca. Suena el teléfono en lugar de un disparo. También lo hace el agua que corre, sostenida, como la duda del personaje que no se anima ni a una cosa ni a otra. Finalmente, termina por retirar el cañón y asegurar el arma. Avanza con desgano hacia el teléfono que sigue sonando. Es El Vasco. Le anuncia una nueva misión.
Sólo la intriga podía detener la mano del personaje. La llamada lo trae de vuelta a la vida y con ella a la acción, o viceversa. El suicidio es sustituido por la misión y, así, Rolo se transformará de alienado en conspirador. No por gusto esta escena aparece después de que han sido presentados todos los miembros de la improvisada cofradía, también Sardiñas y Yoyi. Como tampoco es gratuito que, tras el corte, hayamos retornado a la sala donde, casi al inicio del filme, había quedado suspendida una partida de ajedrez. “Teniente Dopico por aquí. ¿Dónde? Enseguida voy para allá”. Cuelga el auricular y su figura, antes al fondo y desenfocada, se hace nítida al acercarse a la cámara. El policía vuelve al juego después de haberse incorporado a ese otro, el de la acción dramática, que había empezado sin él.
Éste no es un combatiente más que viene a sumarse a las filas del cine de la revolución. Se trata de un personaje que exhibe con desfachatez su condición de peón en el esquema político-narrativo. No hay en él conflictos emocionales ni filiaciones extremas a una doctrina. Por eso su comportamiento se rige más por la psicología del juego que por una identidad colectiva/ individual. Es aquella la que guía cada uno de sus pasos.
Su disciplina dramática habla sólo del compromiso con su trabajo, como si el suyo tampoco tuviera “nada de especial salvo el hecho de que le permite sentirse muy bien cuando lo está haciendo”. Ese placer, que lo acerca a los detectives de la tradición cinematográfica norteamericana, es lo que lo define, más que su fe en el credo que debería representar.
El filme parece estar marcado por la desideologización, sin embargo no resulta por eso menos político. Todo lo contrario.
Las referencias al contexto que hemos tenido hasta el momento son escasas, diría mejor concisas. No estamos ante una reconstrucción detallada de la sociedad cubana del período, ni siquiera de una austera composición de fondo, sino de un sintético collage de imágenes que sirve como representación. Quizás también porque se corresponde con la mirada del bando del protagonista. Estos sujetos no toman parte en la transformación de un mundo que ha dejado de pertenecerles. Su alienación implica que lo perciban desde la distancia, y que incluso lleguen a hacerlo con aprehensión. Después de todo, la paranoia será la salida a la crisis del sentido de un entorno para el cual ellos son indiferentes.
Lo que sirve a la figuración de la Cuba de entonces son flashazos a la prensa, fragmentos de películas, emisiones radiales… los medios que configuran nuestra visión de la realidad, incluso de aquella en la vivimos. “¿Puede bajar esa musiquita?”, le pide Rolo a Sardiñas en su primer encuentro en el taxi, refiriéndose con molestia a la melodía de una marcha combatiente. “¿Quiere que lo cambie?”, y mueve el dial, con sarcasmo, hacia una alocución de Fidel que anuncia al pueblo las nuevas disposiciones.
Pero esa imagen mediática es también una alegoría al carácter narrativo de toda ideología y a su uso como instrumento de control. Como si a través de ella se negociara la participación de la ficción política en la historia fílmica o viceversa: la salida del relato cinematográfico al escenario social de la producción de poder como juego de fuerzas.
No es por eso azaroso que lo que ha llevado a los asaltantes hasta el set en el que se encuentran, la mansión del Jefe, haya sido la cubierta de un periódico, la misma que sirviera de carta de presentación al mundo circundante hacia el inicio del filme. Para llegar a aquí hemos tenido que atravesar un campo minado de tensiones estéticamente calculadas. Rolo camina por la calle. Desenfocado. Lo recibimos de frente, ya nítido, como si ese corto trayecto del médico hacia nosotros hubiera despejado, al menos parcialmente, su perspectiva trágica de la vida. Ha pospuesto el suicidio y rechazado la invitación a la participación ciudadana. Un jeep cargado de guerrilleros que hace su entrada al Hotel Nacional se cruza con su mirada. Esa fugaz irrupción en la que fuera la más famosa de las residencias de la mafia en Cuba, es el presagio del arribo de nuevos inquilinos.
El encuentro que prosigue ha sido desterrado a un edificio cualquiera. Tan anónimo como deben serlo sus participantes. Una circular escalera art nouveau vista desde abajo, el cuerpo de Rolo silueteado sobre un también bello tragaluz de opalina en mitad del ascenso, luego su pie en el último escalón. Llegamos a esta reunión en compañía de una música que anticipa la amenaza.
La que nos ha convocado ha sido advertida por El Vasco. No se halla en el titular que notifica la nacionalización ni siquiera en la frase que marca en tinta roja “las lacras mafiosas… no volverán a poner…” Más bien ha sido consecuencia de la aguzada lectura entre líneas de este viejo conspirador. “¿Sabes lo que quiere decir?” “¿Qué quiere decir Vasco, me estás poniendo nervioso?” “Quiere decir que van a tomar las casas”. Quiere decir que esa realidad hasta hace poco incomprensible se les ha revelado con un sentido oculto.
La misión se pondrá en marcha a partir de entonces bajo la iniciativa de El Vasco como forma de complotar la amenaza social o, lo que es lo mismo, una sociedad que amenaza con desahuciarlos definitivamente. Pero este contra complot tiene un objetivo preciso: “Recuperaremos ese oro antes de que estos barbudos tomen la casa” “¿Y después?” “Después ya veremos”.
Rolo aprovechará sus dotes de héroe absurdo en su nuevo rol de conspirador. A punto de convertirse en nadie, este personaje es un hombre solo, dispuesto a abandonarlo todo, hasta su propia vida. Lo hemos visto perder capa a capa lo que le quedaba de sí mismo. Por eso, durante aquella llamada de resurrección, las instrucciones de El Vasco para la cita intentaban reforzar su anonimato borrando los rasgos genéricos de su identidad: “Ni traje ni corbata… todo lo que tenga tufo a burgués se va abajo”. “¡Ah!, y sal sin el hierro”, la prueba más clara de su vocación.
Dopico hace su entrada a escena para detener la huida de los asaltantes y acorralarlos en el lugar de los hechos. Ese enclaustramiento, que hará de la casa un centro provisional de reclusión y espacio de resistencia, será la causa de la trascendencia futura de la intriga.
Hasta ese instante, para Rolo y su dispar grupo todo se reducía a un único propósito. El corto alcance de la tarea justificaba su escepticismo ante la disposición arrolladora de El Vasco: “Para serte sincero… no es una misión que me provoque mucho orgullo. De cuidarle las espaldas al hombre más temido de Cuba… a ser un simple velador, hay un buen trecho”. Para él no dejaba de ser una encomienda caritativa del Jefe “para quedar bien con nosotros” porque no alcanzaba a restaurar el pasado. El mismo delimitado objetivo que lo llevó a precipitar el final una vez comprendió no iban a poder lograrlo.
Pero este cerco hará posible que comience a recuperar su antiguo aliento de vida. “No me entregué por la misma razón que no te entregaste tú –le diría más adelante a Sardiñas– porque me estoy sintiendo hombre”. El tope de expectativas que había marcado su confrontación con la realidad se convertirá al fin en pulso directo con sus representantes. Ha llegado definitivamente a la acción.
Dopico, como nosotros, empieza por asumir la situación desde el absurdo: “Debería estar haciendo mandados y mira en lo que anda”. Pero como buen agente del orden desconfía siempre de su contrario. “Hay que preparar muy bien la jugada”, dice tras su primer encuentro con Rolo. Y, curiosamente, la jugada se inicia en el gesto de meditación de Fidel en una fotografía. Sobre una de las paredes de la dirección de la escuela, lo descubrimos frente a un tablero de ajedrez; también al Che, en otro retrato. Como si a través de la iconografía revolucionaria se prolongara la partida al plano de la política de Estado.
No por gusto las negociaciones de la policía se desarrollan, vía telefónica, al interior de este despacho. Las imágenes de los líderes en plena contienda nos dan la bienvenida al intríngulis del control: el cuerpo de seguridad planea su oposición a lo que comienza a considerar una amenaza. Todo ello en el momento que antecede a la secuencia en que se miden estos dos escenarios tan paralelos como la edición que contagia sus ficciones.
El velo que cubre este enfrentamiento nada tiene que ver con la seducción. A pesar del bolero de fondo que contamina la diégesis como mismo lo hace la imaginación de Rolo y Silvana. A pesar del coqueteo que parecen repetir el guardia y la directora mientras supervisan la evacuación de los niños. A pesar de la travesura gore del pionero que pone fin al encantamiento del cortejo de un disparo. Este montaje no deja de ser un “jueguito” dramático, incluso para subrayar que hay más semejanzas de las que sospechamos entre estos dos mundos en pugna.
La condición insular que adquiere la residencia reproduce el aislamiento del país, no como resultado de una circunstancia geográfica, sino debido a la naturaleza de su proceso social. Éste también ha sido fruto de las conspiraciones secretas de pequeños grupos, como toda revolución. Pero también como toda revolución institucionalizada ha anunciado “desde su origen el fantasma de un enemigo poderoso e invisible”.
“¿Qué se ha sabido del Jefe?”, preguntaba Rolo a El Vasco en aquel encuentro revelador. “No mucho, ya sabes que es imposible mantener contacto con el exterior”, le respondía, como si además de subrayar su nuevo liderazgo nos ofreciera elementos para una comparación futura. La sociedad que los rodea se considera a sí misma una plaza sitiada como luego ocurrirá con la que fructifique de su misión.
La resistencia será para ambas principio y forma de sobrevivencia. Las dos han sido el resultado de la mezcla de sujetos heterogéneos que nada tienen que ver entre sí excepto los espacios que comparten (antes impensables) debido al reajuste igualitario que se experimenta. De manera que echar mano a un código ético, no importa cuán incomprensible resulte para aquellos a los que se incite a comulgar, sea el primer paso para establecer el compromiso y con él la unidad en medio de presiones internas y externas. Incumplirlo traerá consigo represalias que refrendarán su autenticidad. “Estado y complot vienen juntos” y sus mecanismos se anudan.
El voto de silencio será el fundamento de la sociedad que se instituye definitivamente al interior de la casa, como antes lo fuera de la antigua familia. Nada más establecido el cerco, el único de los integrantes sin bautizar deberá someterse a la iniciación. La ceremonia ha sido adaptada a los tiempos que corren, “estamos en guerra, ¿no?”, dice Rolo antes de empezar.
El ingeniero se había visto obligado a jurar de inmediato ante la desconfianza que para los reclutadores despertara su color, también su participación forzada. “No tenemos otra opción”, había sido el aval que Rolo pretextara ante El Vasco. “Además, sabe leer planos”, añadía como plus de beneficio al chantaje de Sardiñas. No obstante, las instrucciones del capo en su lecho de muerte habían sido claras: “Ojo con el negro que negocio con negro, negro negocio”.
Yoyi, su sobrino, había sido en cambio su último pedido. Por eso la hora de la ley número uno de la Comisión, “¿qué comisión?”, “la Muerder Incorporate”, le llega con la inminencia del peligro y tras su inicial amago de deserción. Un brindis premonitorio sella la constitución de la sociedad: “Por los viejos tiempos que afortunadamente están de vuelta”, dice Rolo en la penumbra, como una amenaza a contraluz.
La disparidad entre la simplificación del ritual y su proclamada trascendencia, pone bajo sospecha su credibilidad durante todo el filme. También su garantía como principio de unión de seres tan dispares en medio de condiciones extremas. Sobre todo porque la desmesura de la significación que el protagonista le adjudica se traspasa al plano de la representación.
La cara horrorizada de Sardiñas o el brazo resistente de Yoyi sujetado por Rolo en el momento del acto, son seguidos por el fuerte sonido cortante de un arma blanca. En lugar de un chorreante miembro amputado, la imagen nos devuelve una diminuta herida en el índice de cada uno de los participantes. De un tajazo la seriedad se transforma en desvarío.
“Este viejo está loco”, oímos repetir a Yoyi en tono de mofa, de desafío, de traición… No hay un instante del asalto, al interior de la residencia, en el que la cámara no se muestre nerviosa, como si la planificación pulcra quedara reservada a la gestación de la intriga. A pesar de todo, esta sociedad pende de un hilo.
Sin embargo, rozando el desenlace, la historia se permite su único salto temporal pre-59. Es la austera ceremonia de omerta de su protagonista. El director la ha sembrado en este recodo del camino con la precisión de un memo que nos llega en el momento oportuno. Yoyi ha abandonado la casa después de intentar liberar al guardia y agredir al ingeniero y a Silvana. A través de esta última vemos florecer los recuerdos. El dedo del Jefe enjugando la sangre en su boca ante los ojos de Rolo que sólo puede bajar la mirada hacia el suyo, no nos dejará olvidar el compromiso que implica pertenecer a esta familia.
Hay quien dice que el filme sólo existe para ese instante en que vemos salir a Yoyi de entre las rejas y a Sardiñas llegar a recogerlo en su flamante descapotable blanco, impecable como su ropa. Yo diría que existe por él.
Quizás haya muchas escenas así en la historia del cine, pero ésta suena a cubano. Como a propósito, el primer comentario del ex recluso, después de un sorprendido “Neeeeegro” como saludo, es para el grupo que canta.
Ahora la música se escucha muy bajo. La goma delantera se detiene y sentimos un cuerpo caer. Luego el cierre de una puerta. El volumen de la canción sube poco a poco mientras el carro arranca. Con una marcha a atrás a nuestra mirada, descubrimos a Yoyi tendido boca arriba con la garganta abierta. El arma homicida ocupa el plano. Lleno de sangre, el abrecartas, instrumento de traición y de venganza, yace en el suelo muy cerca de la oreja del cadáver. Chirrín chirrán.
El ritmo Van Van marca la cadencia de este ajuste de cuentas, pero lo que lo convierte en una escena memorable no es sólo su tempo, sino su clave. El hallazgo de su combinación es el despertar de todos los incrédulos que, como Yoyi, nunca confiaron en la trascendencia de la historia. Él mismo continúa burlándose hasta el largo segundo que antecede a su muerte, en el que se nos revela que este truculento juego no ha ocurrido en la intimidad de un autocomplaciente ejercicio cinematográfico. Esta intriga ha penetrado el campo de batalla de la sociedad.
Es cierto que hasta este momento hemos sido engatusados por soluciones extravagantes que nos han llevado a dudar, como ese delicioso baile del ingeniero que prometía a un triunfador y todavía afro Michael Jackson. Causa de la irritación de muchos, éste es el cierre del episodio de intimidad más auténtico del filme que marcará afectivamente la alianza entre los dos personajes. Sólo retornando a esa estancia nos será dado comprender el tono pop de la forzada expiación de Yoyi, además de por qué ha sido Sardiñas, que comienza la conversación preguntándole al protagonista si ha matado a alguien (“¿Quieres mayor indiscreción que ésa?”), quien terminara haciendo justicia por su mano. Esa justicia que Yoyi imaginó jamás lo alcanzaría.
Su deserción había respondido a la creencia de que abandonar el set del crimen y someterse a las leyes de esa otra sociedad mayor, lo librarían para siempre de la delirante cofradía. “Por cierto, ésta es tu cuarta vez, ¿no?”. “Y la última. Me voy a reintegrar… Me voy a sembrar café, pá la zafra”, responde como si una consigna alcanzara a absolver todas sus faltas. Pero los códigos de estos dos mundos aunque similares no son equivalentes. El delito que ha esperado hasta este instante para ser cobrado implica una deuda mayor.
“¿Y cómo terminó la cosa?”, pregunta el ex convicto dentro del carro. “¿La cosa?”, intenta rectificarlo Sardiñas. “Sí chico, el viejo, la casa…”, insiste en pormenorizar su desacato. “Como tenía que terminar”.
Después de ponerle el traspié que restituiría a la trama el instrumento de la venganza, Silvana revela la existencia de una salida secreta. Lo curioso es que esa confesión develaría también una verdad mayor: el sentido último de la intriga.
Vemos la fuga del ingeniero mientras la voz ceceante de la criada, unas veces on, otras off, describe los pasos para su ejecución. “Hijo de puta”, escuchamos decir a un indignado Sardiñas de vuelta a la sala donde Rolo aún sostiene a la maltratada Silvana. En el camino, con la confusión de la narradora todavía atontada tras el golpe de Yoyi, el ingeniero había abierto la puerta equivocada. Y así, por error, fue a dar con el oro.
Minutos después, abrecartas mediante, nos llegará el mensaje del capo con las instrucciones del cambio de escondite. Pero la epifanía dramática que Rolo experimenta en esta secuencia nada tiene que ver con la localización real de un tesoro que ha dejado de ser hace mucho la finalidad de la acción, sino con la posibilidad de encontrar una salida permanente a su vida.
Hasta ese momento, el protagonista no tenía otros planes como no fueran los de tratar de encender su fosforera. Sin embargo, la huida se le presenta como garantía de subsistencia para su nueva familia. “No voy a dejarlo solo, Jefe”, concluye el ingeniero confiriéndole, junto a la criada, la titularidad de Don.
“Vete Sardiñas, ya sabes cómo hacerlo… Es una orden, acuérdate que hicimos el pacto de omerta”, le encomienda Rolo ante su imposibilidad de abandonar a Silvana pero con la certeza de que “un solo camarada de armas es suficiente: uno no necesita tener a toda la sociedad de su parte”. La vía de escape será la salida al secreto en que deberán seguir existiendo en lo adelante.
Por eso el ingeniero se asegura de que nosotros y Yoyi hayamos comprendido la significación de su muerte antes de poner término a su vida. Toda la conversación que han mantenido hasta este instante ha sido un diálogo exegético que terminará con una demostración: esa pequeña y extravagante sociedad se ha convertido en un universo alternativo que ha invadido el mundo y construido otra realidad que el final del relato no hará sino avizorar.
La película se nos descubre intrincada como un complot, no por la discontinuidad de la trama, sino porque en ella se ha cifrado lo que es esencial. Es eso lo que ha diluido la emoción y ha evitado que establezcamos vínculos afectivos con los personajes. Esa renuncia a sentimentalizar la experiencia estética del espectador y oponer en cambio un distanciamiento por momentos cínico, otros burlesco hace que esta historia de traiciones y lealtades, construida sobre un derroche de intriga y suspense, no llegue a provocar en nosotros la más mínima conmoción como no sea la de la risa en sus pasajes más osados, rayanos en el absurdo.
La elipsis de la pasión sería también un argumento ante la frialdad de las actuaciones, sobre todo ante la llaneza de la de Porto. Sí, porque la pasión ha sido descentrada si no abstraída al plano de la construcción cinematográfica. Quién sino un apasionado artesano del sentido podría lograr esta artificiosa estructura hecha a base de piezas meticulosamente combinadas. Piezas tan heterogéneas, como global resulta su procedencia, y que nada tienen en común excepto el gusto de su director. Esa disparidad apareada es la que oculta la verdadera intriga al tiempo que sirve a su producción. Sólo un ejercicio cinematográfico casi puro podía producir un filme como Omerta: con fecha y localización históricas concretas pero con una relación absolutamente desmaterializada con su contenido. El ajedrez del funcionamiento de lo social más que la sociedad propiamente dicha, es aquí el tema.
“Divino tesoro”, reza el cartel que nos recibe a la entrada de la casa, “Hospital geriátrico”. Esta locación ha sido el escenario de las distintas fases por las que ha transitado la asociación paralela: el crimen organizado, la misión y la conspiración. Es en esta última donde nos reencontramos y se reencuentran los personajes.
El sonido de un carro nos introduce a Sardiñas que ha venido al cumpleaños de una anciana Silvana. “Salud que haya porque belleza sobra… Iba a traer a la niña pero tuve que hacer un trabajito antes”. “¿Y cómo salió el trabajito?”, aparece nuestro protagonista envejecido. “Bien”, sólo nosotros y ellos sabemos a lo que se refieren. Acabamos de dejar un cadáver en medio de la carretera. “¿Bien?”, insiste mientras señala una mancha de sangre en el encaje impecablemente blanco de la camisa del ingeniero. “Muy bien”, concluye éste orgulloso.
Junto al estatus de Don, Rolo ha heredado su residencia, un asilo. Sardiñas, en cambio, es el único integrante integrado de la cofradía. Él es la garantía de su descendencia y el medio más plausible para infiltrarla en esa otra sociedad mayor. La venganza de la que hemos sido testigos es la prueba de que ha trascendido su enclaustramiento y motivación incidental. “Tengo planes”, dice el jefe. “¿Me los cuenta?” “Hay más tiempo que vida… Quiero madurarlos bien porque no puede haber imprevistos”.
La edificación que antes fuera barricada, lugar de resistencia, se ha convertido en retiro, en un albergue fruto de la seguridad social o, cabría decir, de lo que hace una sociedad para protegerse a sí misma. Su simbolismo no ha dejado de medirse con respecto al contexto en el que se encuentra. Por eso el teniente Dopico que ahora está dentro, de visita, juega en ella su eterna partida de ajedrez.
El triunfo que parece obtener al final es justamente el de este escenario como salida a la imposibilidad de erradicar a aquellos que rechaza. Porque tampoco consigue afiliarlos. Debe vivir con ellos aunque intente ocultarlos bajo nociones de representación y mayoría. Pero se trata sólo de una partida, el juego continúa. “El esquema de una sociedad es el campo de batalla y no el pacto, es el estado de excepción y no la ley”. Y así, con un paneo que registra el espacio múltiple de la convivencia, el director vuelve sutilmente a “enterrar plata en una botella en medio de la noche”.
Mailyn Machado
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Pavel Giroud, guionista premiado en España: “Faltan narradores con cosas buenas que contar en todo el mundo”
Escrito por © Jon Apaolaza (Málaga)-NOTICINE.com
Martes 20 de Abril de 2010 20:02
El cineasta cubano Pavel Giroud acaba de ganar el VII Premio Julio Alejandro de Guión, patrocinado por la Sociedad General de Autores española (SGAE), dotado con 50.000 euros, con un libreto titulado “El acompañante”, que está pensando en llevar a la pantalla pronto, esta vez a diferencia de sus anteriores “La edad de la peseta” y “Tres veces dos” por fuera del ICAIC, la productora oficial cubana. Dialogamos con él en exclusiva en el Festival de Málaga, donde ha recibido el galardón y su jugoso respaldo económico.
- ¿Cuál fue el origen de “El acompañante”?
El guión surge a partir de un hecho que se convierte, como casi todos los proyectos, en detonante de una idea que luego se va desarrollando. Estaba con una amiga que leía un periódico y éste decía que Cuba tenía uno de los índices más bajos de propagación del sida, y ella me dijo: “Y a cambio de qué…”. Y nos pusimos a hablar de los “Cocos”, los sanatorios que instauró el gobierno para ingresar allí obligatoriamente a los seropositivos. De allí sólo podían salir una vez a la semana vigilados por un “acompañante”. Cuando oí eso me quedé fascinado por esa figura, porque conocía la historia de los sanatorios y el drama de los enfermos, pero no sabía que existían acompañantes. Entonces me pasé un año investigando el tema y sobre la enfermedad en sí y la vida en los sanatorios. Hice un primer borrador del guión, que era muy panfletario, muy acusador y ajeno a lo que me interesa como cineasta. Pero rapidamente, un amigo, Alejandro Brugués, guionista, director y productor, se interesó en la historia, con su productora independiente, que se llama Quinta Avenida, y luego se sumó el francés Pierre Edelman. Ellos me llevaron a otra visión de la película, a encontrar mis personajes protagónicos, a desarrollarlos… De hecho ellos son coguionistas y parte del premio será para ellos. De esta forma el proyecto tomó otra dimensión. Se convirtió en una película de personajes en un ambiente hostil y dejó de ser panfletaria. Luego obtuve una beca de la Fundación Carolina, en la Casa de América de España, y allí fueron determinantes Vicente Leñero (“El crimen del Padre Amaro”) y sobre todo Senel Paz (“Fresa y chocolate”), que se interesó por la historia y trabajamos mucho sobre la relación entre los personajes. Así que aunque haya figurado yo sólo, es un guión en el que ha participado mucha gente.
- ¿”El acompañante” es un trabajador sanitario o agente de la seguridad…?
No sólo en Cuba sino en todo el mundo cuando aparece el sida se crea una gran paranoia. La labor del acompañante la hacían trabajadores de la salud, estudiantes vinculados a las ciencias médicas o gente que iba en busca de ese trabajo porque estaba muy bien pagado, en una época en que empezaba a florecer la crisis económica en Cuba que nos ha azotado por más de 20 años. Era un trabajo con peligro, pero recompensado.
- ¿Que perspectivas tiene el guión de ser realizado?
Por la parte cubana está bastante cuadrada. Va a ser una película independiente. Las dos anteriores fueron producidas por el Instituto del Cine Cubano (ICAIC), pero aunque ellos me ofrecieron toda la colaboración y no vamos a renunciar a tener un vínculo con el ICAIC, sí me interesó mucho la idea de experimentar nuevas maneras de producir, ahora a gran escala. No está cerrada la coproducción internacional porque parte de las normas de este concurso Julio Alejandro es que no hubiera acuerdo cerrado con ninguna empresa, pero ya hay gente interesada y creo que pronto “El acompañante” se convertirá en película.
- ¿Cuál es la situación actual del cine cubano?
Me alegra que me preguntes eso porque me hizo una entrevista recientemente una agencia y en lo que salió publicado se me adjudicaba una visión muy apocalíptica del cine en Cuba. Parece que como está de moda hablar mal de Cuba en los medios de comunicación sólo reprodujeron lo malo que yo veía del cine en mi país y no lo bueno. Lo que a mí me parece positivo es la conciencia que hay entre los que rigen el cine, de que debe de haber un cambio. Lo piensan en el ICAIC y también los cineastas independientes. Todos los que estamos en este mundo somos responsables de la crisis que vive el cine cubano. Me preguntan que por qué yo he culpado al ICAIC de la situación, y la realidad es que yo no culpo a esta institución en exclusiva, porque los responsables somos todos: ellos, los cineastas, los críticos… Lo importante es darse cuenta de cuáles son los problemas para luego elevar el cine cubano a la situación que vivió hace años. Sabes bien que en muchos festivales, incluso de nivel medio y bajo el cine de mi país está desaparecido: Con cuentagotas sale una película cada 3 o 4 años… El ICAIC ha insertado a muchos jóvenes en la industria, pero su capacidad y la metodología para hacer el cine está muy vieja. En la periferia del Instituto se está haciendo mucho cine sin mesura. Se están desperdiciando demasiadas buenas balas. Se hacen películas como sea, sin prepararlas… Hay grandes temas malogrados y nos queda al menos un período de 7-10 años para que todo vuelva al camino. Hay mucho talento en todas las esferas, y existe una conciencia entre los que dirigen el cine de que eso debe cambiar radicalmente, pero en lo que vamos buscando el camino, tal y como está diseñada la estructura económica de Cuba, ahora mismo no estamos bien situados.
- ¿Hay también crisis de ideas?
Creo que faltan narradores con cosas buenas que contar en todo el mundo, incluso en Hollywood o en el cine independiente norteamericano. En Cuba también, pero yo veo en mi país muy buena materia prima, buenos temas que no se han visto en el cine, y que empiezan a aparecer en pequeñas obras, pero mal acabadas y preparadas, pero con buen condimento. Al no haber canales establecidos para que las buenas ideas lleguen a buen puerto aparece la crisis de la que hablábamos. Pero estoy convencido de que van a salir historias, porque Cuba no se parece a ningún otro país, ni en su estructura política, ni en la económica o la social. Y todo eso irremediablemente va a dar cosas nuevas. ¿En donde falla? En que esas cosas lleguen a buen rumbo.
- ¿Tiene alguna otra idea en su cabeza?
Yo tengo, y cualquiera que trabaja en esto… tiene muchas ideas. Guiones tengo varios guardados, y ninguno se parecen entre sí. Normalmente me concentro en una sólo idea. Estoy trabajando sin sentarme aún en un papel, tengo en mente una historia cómica al estilo Gutiérrez Alea, sobre alguien que entra una noche en un hospital con una pequeña herida y acaba muriendo a la mañana siguiente, y estoy trabajando también en una historia más dramática sobre las carreras de coches clandestinas en La Habana. El hijo de un importante funcionario arrolla y mata al hijo de un don nadie, y ahi arranca el conflicto.
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De los cinco finalistas que optan al VII Premio SGAE de Guión Julio Alejandro, dotado con 50.000 euros para el ganador, tres provienen de autores latinoamericanos. Se trata de “El acompañante”, de Pável Giroud (Cuba); “De humanidades y límites”, de Cecilia Ruz (Chile) y “Operación Baby”, de José Luis Valle González (El Salvador/México). Por parte española las candidatas son “Pagoda”, de Berta Alonso (Madrid) y “En la puta calle”, de Cristina Caporicci (Barcelona). Esta última tendrá que cambiarle el título de conseguir un productor, ya que existe ya un film homónimo de Enrique Gabriel.
Los autores seleccionados participarán en una sesión pública de exposición de sus proyectos el próximo 19 de abril en el Salón de Actos del Antiguo Rectorado de la Universidad de Málaga, dentro del marco del Festival de Cine Español de la capital de la Costa del Sol. El fallo se dará a conocer al final de las presentaciones, tras las deliberaciones del jurado.
La condición de finalista ya ha reportado a estos cinco autores una ayuda económica de 600 euros, con el objetivo de que puedan preparar sus respectivas ponencias ante los miembros del jurado en la mencionada jornada del Festival de Cine Español de Málaga. Al VII Premio de Guión Julio Alejandro, convocado en honor del que fuera guionista de Viridiana, la célebre película de Luis Buñuel, se han presentado un total de 360 guiones procedentes de España e Iberoamérica.
El comité de lectura que ha seleccionado los cinco guiones finalistas ha estado formado por guionistas y cineastas como Roberto Bodegas, José Luis Borau, Ana Díez, Ricardo Fernández Blanco, Manuel Gutiérrez Aragón, José Nolla, Antonio Ojeda, José Antonio Quirós, Santiago San Miguel o Bernardo Sánchez Salas.
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Mario Luís Cabezas
Con La Edad de la peseta se presentó ante una audiencia internacional, aunque ya en Cuba era un realizador bastante conocido. Con su siguiente proyecto, Omerta, un filme “Noir a la Cubana”, no tuvo el mismo éxito, pero lo dejó muy conforme. Sobre estas películas, proyectos futuros y la realidad actual del cine en la isla, nos comenta:
¿Por qué el retraso en la producción de tu nuevo film cuando medió tan poco tiempo en tus anteriores entregas?
No ha habido demora. He estado en la escritura del guión a la par que mis productores de la 5ta. Avenida Producciones buscan las mejores alternativas para levantar el proyecto. Las cintas anteriores eran producciones desde el ICAIC y entró por carriles ya diseñados que funcionan desde hace años y por eso salieron una tras otras, amén de situaciones que facilitaron esto, como el premio de guión inédito obtenido por Omerta en el Festival de La Habana, que incluía una buena parte del financiamiento del proyecto.
¿Y por que entonces no enfrentar este proyecto por esos carriles?
No cabe en ese diseño por muchas razones prácticas.
¿Hay un rompimiento con el ICAIC?
No, de ninguna manera. El ICAIC es muchas cosas. Es casa productora, es distribuidor, es exhibidor y ante todo es el instituto de cine de Cuba. Desde la propia dirección del ICAIC está muy claro que se han creado; se seguirán creando y desarrollando en Cuba variantes alternativas de producción y hasta ahora la estrategia que han tomado es la de sumar, no excluir. Yo he optado para este proyecto la variable que mas se aviene al tipo de película que quiero hacer y al ser el ICAIC el organismo rector de la cinematografía en Cuba, forma parte de mi proyecto. Muchas gestiones en el proceso tendrá al ICAIC interviniendo de alguna manera. Yo defiendo la idea de que haya un organismo responsable del cine, aún cuando discrepe en algunas cuestiones. Es en esas discrepancias donde se generan nuevas estrategias. Según Sartre, cuando se es fiel sin cuestionamientos, no se es enteramente libre. Alea (Tomás Gutiérrez Alea) mostró una gran fidelidad, al ICAIC y era un voraz cuestionador.
Otra cosa es que el ICAIC tiene una larga cola de proyectos pendientes, que no han podido ejecutar por cuestiones de financiamiento y me cuesta marcar en la cola y esperar años, cuando siento que el proyecto está listo para ejecución. Lo malo de hacer películas, ya lo he dicho, es que muchas veces la filmas cuando la pasión quedó atrás. No tiene la inmediatez de la música, la pintura o la literatura, pues dependes de mucho mas que de la musa y tus deseos de enfrentarte a la creación. Omerta pertenecía a intereses añejos. Fue una película que escribí con veintitantos años y rodé a pasando los treinta y cinco. Quizá a los cuarenta y pico, ya no sea, El Acompañante, la película que quiero hacer.
Una vez me comentaste tu inconformidad con la manera de producir en el ICAIC.
Si, pero escapa de ellos. El ICAIC no es una productora independiente que puede trazar sus estrategias individuales sino que responde a la política económica del estado Cubano y no puede salirse de ello. Han tratado de encontrar vías, pero francamente, están atados de pies y manos. Es cierto que hay ineficiencia, cierto caudillismo en áreas de trabajo, falta de motivación; pero no es algo que afecte y generen únicamente de ellos. Creo que en cada organismo estatal o ministerio pueden verse situaciones similares.
Omerta estuvo lejos del éxito de tu anterior película, La Edad de la peseta. ¿A que se debió? ¿Crees que tuvo mala promoción?
Tuvo mala promoción, pero no se puede culpar a eso de su poca efectividad. Las películas triunfan o fracasan por ellas mismas. Simplemente, no conectó con la gran audiencia y ese touché es intrínseco a las obras y por mas que promociones, si la película carece de ese condimento, no hay nada que hacer. En la cuestión promocional yo tengo mi cuota de culpa, porque asumí en “la edad de la peseta” el control de toda esa zona, pero esta vez estaba agotado y lo dejé correr; los verdaderos encargados de ello se acomodaron a la idea de que yo iba a llevar esa bandera, no fue así y nos envolvimos en una gran descoordinación que acabó con la película. Luego, salvo su estreno en San Sebastián, no tuvo una buena ruta de festivales como la anterior, pero para eso si estaba listo yo. Sabía que Omerta no era película de festivales.
¿Hay películas de festivales?
Sí, es de risa, pero es así. Incluso hay quien hace películas para festivales. Una vez compartí con Jaime Rosales en un jurado y me dijo que él hacía las películas pensando en Cannes y lo cierto es que lo tiene bien montado, porque siempre lo logra.
¿Cómo ves el futuro del ICAIC?
Cuando me hacen esa pregunta no se si me preguntan por el ICAIC en sí o por el cine Cubano.
Pregunto por el ICAIC
Es como preguntarme por el futuro de Cuba. Si se toman medidas atinadas, le auguro un buen futuro, pero si se aferra a estrategias de probada ineficacia; si la política ahoga al arte; si deja de ser el fiel aliado del creador; si se siguen ocupando los burós por gente que no ama ni entiende el cine, lo veo muy mal. Pero confío, siempre doy un voto de confianza, porque me aferra a esa institución un profundo respeto y estaré siempre dispuesto a colaborar en su desarrollo.
¿En estos últimos tiempos cual crees que es el mayor logro de esa institución?
La creación de la muestra de nuevos realizadores. Creo que es algo de lo que se puede sentir muy orgullosa la actual dirección de la institución. No comparto la idea de algunos colegas que hablan de la muestra como un puesto de control. Creo que surgió por la elemental necesidad de renovar el cine. Sucede que en el cine Cubano se ha renovado el personal, pero ha nivel de estrategias es aún muy muy viejo. Es como estar arando el porvenir con viejos bueyes, como diría Silvio Rodríguez en una de sus canciones.
¿Y lo peor?
Lo peor está en el terreno de las estrategias de expansión. El cine Cubano se está quedando en las salas de cine Cubanas, no llegan mas allá, salvo contados casos y claro, esto también está desde la gestación de las películas. No veo mal que se generen filmes para el consumo local, pero como industria que es, el cine debe amortizar esos lujos. Falta personal capacitado para elaborar diseños. Se necesitan personas que estudien lo que está pasando con el cine en el mundo y de que manera podemos irnos colando. No se trata solo de hacer películas, incluso, buenas películas. Se trata de ver que hacemos con esas películas. En la última década se han hecho muchas películas, que son invisibles al mundo. En eso el ICAIC no difiere mucho de Industrias Cubanas que cumplen planes de producción y en los hogares no se siente. Aquella sintonía que alguna vez hubo entre el cine Cubano y el del resto del mundo se ha perdido, no interesamos.
Por eso estoy defendiendo la idea de que el ICAIC vaya dejando de producir y sea el encargado de la proyección de nuestro cine. Debe vincularse a la producción como Instituto, no como productora. Debe dedicarse a fomentar el desarrollo de nuestra cinematografía y no construirla. La producción debe venir de productoras autónomas, cooperativas de creación o cualquier variante similar, tal cual se hace en todo el mundo. Este viejo modelo Mostfilm no es eficiente, menos en un momento donde cada nación articula y ajusta muy bien sus políticas económicas. Se malogra mucho capital y recursos en el actual formato.
También pasa que se está deformando el nivel de percepción de nuestra audiencia con pésimas proyecciones, copias piratas, filmes de dudosa valía. Esto ha llegado a tal extremo que productos televisivos (a los que no quiero demeritar) terminen viéndose como obras cinematográficas, que recursos expresivos en voga 10 años atrás sean visto como novedades y que verdaderas novedades sean invisibles a ojos contaminados no solo del llamado gran público, sino a supuestos especializados. No es tan grave lo que está pasando como lo que va a pasar.
Buscando información sobre ti, encontré una entrevista donde te quejabas de la censura de algún trabajo tuyo?
Si, responsable de eso fue la Televisión, que decidió no transmitir un video clip, porque asechaba algún fantasma a esos ojos ultrasensibles que tienen los censores. No tiene nada que ver con mi producción. No he sufrido censura alguna a la hora de realizar, esa es la verdad. Jamás un funcionario del ICAIC, que es la productora para la cual, en definitiva, he hecho mis dos películas, ha intercedido con armas censuradoras. Otros colegas si lo han padecido, pero mas en el terreno de la exhibición que a la hora de hacer,
Siempre voy a atacar a la censura, aún cuando es cada vez menor y tampoco sea algo que se genere únicamente en el ICAIC (donde existió siempre), ni siquiera en Cuba. Ya dije una vez que el censor es el personaje antagonista del prota- artista, en este profundo drama que es la creación . Existe la censura, no puede negarse y mientras una obra sea censurada o su camino se llene de obstáculos voluntariamente para minimizarla, ocultarla -o peor aún- para impedir su realización, se estará cometiendo una injusticia. Me compadezco mucho de los censores, pues nunca sobreviven a las obras que tratan de vetar. El futuro siempre los castiga.
¿Crees que El Acompañante será un film exitoso?
Eso no lo saben ni los americanos, que se gastan millones. Para mi es suficiente con quedar complacido. No soy de los que dicen que hago películas para mi. Sueño con el cine repleto gozando mis películas, porque el espectador es el complemento vital; pero la medida entre éxito y fracaso está en tus propósitos y tus logros. Omerta me enseñó eso. Fue una película con la que me sentí crecido, porque quedé con menos inconformidades y yo le premié con mi cariño. Amo esa película. Lo que nunca me vas a ver es deprimido ante un fracaso. Cuando algo no me sale bien, me da fuerzas. A veces hay que agradecer los fracasos; estos enseñan mas que los logros. Los logros te ciegan y te hacen creer que todo anda bien, sino mira a tu alrededor: Estábamos tan orgullosos de la medicina y la educación, que un día llegó el reggetón y nos hizo ver el pozo en que estábamos sumergidos.
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Este es mi más reciente trabajo. Un spot que forma parte de la campaña para promover el respeto a la libre orientación sexual en Cuba. Está destinado a la TV Nacional, pero apenas tuvo dos pases. Se los dejo, esperando que lo disfruten.
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Havana’s exciting cultural scene stretches far wider than its vibrant music scene – the visual arts are also alive and well
guardian.co.uk
Havana is well-known for its music, but what many people don’t realise is that its visual arts also demonstrate the excitement and buzz of this most lively of cities. Painting and drawing, sculpture and installations, films and videos of all types – they are an intrinsic part of the city’s creative hum.
Some of this vibe can be seen on the website of Havana Cultura, a global cultural initiative presented by Havana Club rum (havana-cultura.com) to profile all types of artists and to showcase their work to a wider audience.
Of the ones to watch, Duvier Del Dago is certainly one of the most exciting artists on this emerging scene. Originally noted for his drawings on semi-transparent nylon, creating comic-book style characters who eventually began to develop a narrative of their own, he now works on installations, especially pieces in thread. For instance Castles in the Air (2004) had cameras and mobile phones dangling just out of reach. “The ephemeral character of my pieces is important,” he says. “It’s like I’m weaving my own dreams.”
Then there’s conceptual artist Wilfredo Prieto. Prieto is famous for his public interventions, such as his notorious park-based work “Walking the Dog and Eating Shit”, where human excrement was added to the entirely familiar dog shit. The idea is to look at his work and ask “what’s missing” or to find the element of unexpected among the familiar. For instance, in his best-known work, Apolitico (2001) the flags of 30 countries are flown in different colours to normal.
Making waves in the film world is Pavel Giroud – who is often referred to as the “Cuban Truffaut”. This 35-year-old filmmaker started as a designer and painter, before moving into video installation, advertising, music videos and short films. Sometimes, he says, he misses the days when he did all the work himself.
His most famous film to date, La Edad de la Peseta (The Silly Age, 2006) about a 10-year-old boy, was widely acclaimed. His current project, Omerta, is a study of ageing – and is about a bodyguard for the mob who finds his services no longer wanted after the 1959 Cuban revolution.
One of the most significant events from Havana Cultura in the UK is the release of a new double CD – Gilles Peterson presents Havana Cultura. The cover for this CD set is designed by painter and sculptor Alexandre Arrechea. He has taken local Havana power structures and architecture as the theme behind this artwork.
If you go to guardian.co.uk/havana-club, you’ll find information about some of the best-known artists, plus other useful information on Cuban arts events in the UK. And there’s also find out how to enter a competition for a fantastic chance to visit the city of Havana for yourself.
Horacio Romero, el mejor boxeador amateur -peso por peso- del mundo, es sorprendido dopado a su regreso de los Panamericanos de Indianapolis 87. Las autoridades deportivas lo sancionan severamente y lo separan indefinidamente del boxeo.
La única opción de trabajo que le aparece a Horacio de manera casi forzosa, es como Acompañante en el sanatorio “Los Cocos”, un centro de salud militar donde los enfermos de VIH son recluidos obligatoriamente para recibir atención médica bajo un régimen de estricta disciplina. La labor de un acompañante, es supervisar cada acción del paciente, vigilar con quien habla, donde entra, de donde sale, que dice, que hace; en fin, convertirse en una especie de sombra .
En manos de Horacio, quedan las pequeñas de Daniel, el paciente mas conflictivo del sanatorio; un joven que se ha contagiado con el virus en la guerra de Angola, un héroe por accidente, que no goza, en lo mas mínimo, de la simpatía de Horacio, sumido en la peor de sus frustraciones e insertado en un mundo que le es completamente ajeno y hostil.
(En la foto, el Sanatorio Los Cocos)
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En Omerta, mi mas reciente film hay un pequeño homenaje a Michael Jackson. Son muchas las razones que me motivaron a hacerlo. Muchos, en el proceso de montaje, me aconsejaron que me llevara la escena de la película, pues rompía con el tono de lo que hasta ese momento arrastraba la historia, pero era justo lo que yo buscaba. El irrespeto a la pureza de los géneros es una constante el la película, pero esta escena está cargada de respeto a un artista que voy a extrañar mucho. No me arrepiento de haberla dejado. Ahí les va
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El prisma de Nichols
Un puente cultural hacia el diálogo y el entendimiento
martes 19 de mayo de 2009
El joven director cubano sorprende con Omertá, una auténtica historia de cine negro al más puro estilo criollo.
Tras su laureada ópera prima “La edad de la peseta” que fue escasamente promocionada en Europa, Pavel se muestra contento por la invitación del LAFF, un festival pequeño que son los que realmente llevan el cine al pueblo.
Tras haber tenido la suerte de ver Omertá, el segundo trabajo de Pavel Giroud que retrata la mafia cubana de la década de los 60, he podido comprobar los efectos más positivos de esa pluralidad que el director resalta.
No es sólo porque haya conseguido aunar los estereotipos del cine negro con elementos del cine cubano y obtenido como resultado una mezcla novedosa y verosímil pero con carácter propio. También porque su interés, mantenido desde el principio de nuestra entrevista, es siempre hacia las víctimas. Éstas son su fuente principal de inspiración.
“Hacer cine es un lujo y a la vez una responsabilidad” dice este cinéfilo declarado que acabó de lleno en el mundo con el que soñaba. Hoy se sentaba delante de su ordenador en el interior del recinto que acoge el LAAF y confesaba su intención de ver una película. Resalta que el público es quién completa el proceso de creación, y eso se percibe en la manera de construir su historia, en su visión del cine.
Mafia a la cubana
Un estilo sencillo pero que a la vez permite al espectador madurar las ideas. Porque aunque Omertá, término siciliano usado para construir el film, pueda llevarnos a esperar ver sólo acción y disparos, no todo es lo que parece. El film retrata desde una mirada desconocida hasta entonces, la de los propios cubanos, el fin del narcotráfico con la llegada de la Revolución. La idea surgió a raíz del visionado de un viejo noticiero en el que se daba parte de una huelga del personal de algunos casinos. En el fondo, la historia es un gran drama, el de los que se sintieron fuera de una sociedad que había cambiado.
Paradójicamente, el rescatar temas del pasado puede que revele la involución de la sociedad, algo que Tomás Gutiérrez alea supo ver y a quien el director cubano califica de referente generacional.
Omertá se estrenó en el LAAF el lunes y la acogida fue buena, aunque la tardía hora hizo que no masiva. Algún osado comentó al director que esperaba ver más tiros. Pero a pesar de contar con una parte importante de acción, la historia se centra en el drama vivido por el personaje al que da vida Manuel Porto: un sesentón que durante toda su vida fue guardaespaldas de un capo y de repente se encuentra con que la Revolución termina con su forma de vida. Cuando parece que su situación es irremediable recibe la misión de recuperar oro escondido perteneciente al mafioso para el que trabajaba.
La vejez y la inocencia, la idiosincrasia cubana y el cine de la Mafia, acción, humor y drama… todos estos son los elementos con los que el segundo trabajo de Pavel Giroud está dispuesto a sorprendernos.
La juventud se abre camino
Pavel es joven, pero buen conocedor de lo que le ocupa, que es el cine. Confesó haber visto casi todas las películas en festivales al otro lado del charco. Afirma que la pluralidad en el cine latinoamericano es su mejor baza en un panorama saturado por la gran industria. Pero también es realista, y reconoce que hasta que Europa no deje de marcar las directrices los directores latinos verán en cierto sentido mermada su creatividad.
Su ópera prima “La edad de la peseta” no fue lo suficientemente promocionada tras su estreno en Toronto. Por eso se muestra pesimista en cuanto al futuro de Omerta. También descontento con la actitud tomada por los grandes festivales, y en cambio resalta la labor de otros más pequeños que cuentan con un programa variado y realmente acercan el cine al pueblo. Esa es su visión del LAAF en Utrech.
En cuanto a los jóvenes creadores como él, Pavel encuentra un momento crucial para que tomen la iniciativa con producciones independientes. El cineasta cree que el panorama en la isla es alentador ya que la ICAIC como Instituto de Cine, es consciente de que no puede controlarlo y que los trabajos independientes consiguen también buenos resultados. Se dispone, en definitiva, de una accesibilidad mayor a los medios.
Pavel está inmerso en una multitud de proyectos por realizar y esperemos que pueda llevarlos acabo y engrosar su por ahora buen formada filmografía. No es el único joven que tiene que enfrentarse el problema de la experiencia requerida. Pero quizá sí de los pocos que sabe que “lo peor de ser joven es no entender muy bien la importancia de ser viejo”.
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por: María Epelde
LAFF 2009
Un guardaespaldas retirado vive sin alicientes la monotonía de su vida. En su juventud, y junto a su gran amigo, el vasco, fueron los guardaespaldas de un famoso gángster. Como el mismo dice, “soy un hombre preparado para morir de un disparo, no postrado en la cama”. Pero una nueva misión se cruza en su camino, recuperar el oro escondido en la mansión del capo. Para ello, recluta a un par de jóvenes a los que enseña la ley omertá, la ley del silencio, “la traición, no se perdona”.
Se trata de una película magnífica en muchos sentidos. Es la segunda obra del director cubano Pavel Giroud y destaca por la mezcla de géneros, recuperando el cine negro con dosis de comedia y surrealismo; por su cuidada ambientación, ritmo y música. Y sobre todo por un plantel de actores que ofrecen unos personajes cuidados al detalle. No se pierdan a la callada y misteriosa sirvienta de la mansión, fantástica en su papel silencioso y lleno de matices.
La acción se desarrolla en la casona en la que tratan de encontrar el oro y donde el guardaespaldas retirado enseña a los jóvenes sus propios códigos de conducta. Al mismo tiempo, vamos conociendo su pasado a través de elegantes flashbacks que nos muestran la juventud de los guardaespaldas y sus años dorados.
La película, que juega con el espectador y con la intención del relato muy hábilmente, presenta interesantes reflexiones sobre el comportamiento humano y los años posteriores a la revolución cubana. Se trata de un film para disfrutar, que ofrece infinidad de de guiños y códigos para el espectador avispado que trate de descubrirlos. .
CíRCULO D.M.
