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El prisma de Nichols
Un puente cultural hacia el diálogo y el entendimiento
martes 19 de mayo de 2009
El joven director cubano sorprende con Omertá, una auténtica historia de cine negro al más puro estilo criollo.
Tras su laureada ópera prima “La edad de la peseta” que fue escasamente promocionada en Europa, Pavel se muestra contento por la invitación del LAFF, un festival pequeño que son los que realmente llevan el cine al pueblo.
Tras haber tenido la suerte de ver Omertá, el segundo trabajo de Pavel Giroud que retrata la mafia cubana de la década de los 60, he podido comprobar los efectos más positivos de esa pluralidad que el director resalta.
No es sólo porque haya conseguido aunar los estereotipos del cine negro con elementos del cine cubano y obtenido como resultado una mezcla novedosa y verosímil pero con carácter propio. También porque su interés, mantenido desde el principio de nuestra entrevista, es siempre hacia las víctimas. Éstas son su fuente principal de inspiración.
“Hacer cine es un lujo y a la vez una responsabilidad” dice este cinéfilo declarado que acabó de lleno en el mundo con el que soñaba. Hoy se sentaba delante de su ordenador en el interior del recinto que acoge el LAAF y confesaba su intención de ver una película. Resalta que el público es quién completa el proceso de creación, y eso se percibe en la manera de construir su historia, en su visión del cine.
Mafia a la cubana
Un estilo sencillo pero que a la vez permite al espectador madurar las ideas. Porque aunque Omertá, término siciliano usado para construir el film, pueda llevarnos a esperar ver sólo acción y disparos, no todo es lo que parece. El film retrata desde una mirada desconocida hasta entonces, la de los propios cubanos, el fin del narcotráfico con la llegada de la Revolución. La idea surgió a raíz del visionado de un viejo noticiero en el que se daba parte de una huelga del personal de algunos casinos. En el fondo, la historia es un gran drama, el de los que se sintieron fuera de una sociedad que había cambiado.
Paradójicamente, el rescatar temas del pasado puede que revele la involución de la sociedad, algo que Tomás Gutiérrez alea supo ver y a quien el director cubano califica de referente generacional.
Omertá se estrenó en el LAAF el lunes y la acogida fue buena, aunque la tardía hora hizo que no masiva. Algún osado comentó al director que esperaba ver más tiros. Pero a pesar de contar con una parte importante de acción, la historia se centra en el drama vivido por el personaje al que da vida Manuel Porto: un sesentón que durante toda su vida fue guardaespaldas de un capo y de repente se encuentra con que la Revolución termina con su forma de vida. Cuando parece que su situación es irremediable recibe la misión de recuperar oro escondido perteneciente al mafioso para el que trabajaba.
La vejez y la inocencia, la idiosincrasia cubana y el cine de la Mafia, acción, humor y drama… todos estos son los elementos con los que el segundo trabajo de Pavel Giroud está dispuesto a sorprendernos.
La juventud se abre camino
Pavel es joven, pero buen conocedor de lo que le ocupa, que es el cine. Confesó haber visto casi todas las películas en festivales al otro lado del charco. Afirma que la pluralidad en el cine latinoamericano es su mejor baza en un panorama saturado por la gran industria. Pero también es realista, y reconoce que hasta que Europa no deje de marcar las directrices los directores latinos verán en cierto sentido mermada su creatividad.
Su ópera prima “La edad de la peseta” no fue lo suficientemente promocionada tras su estreno en Toronto. Por eso se muestra pesimista en cuanto al futuro de Omerta. También descontento con la actitud tomada por los grandes festivales, y en cambio resalta la labor de otros más pequeños que cuentan con un programa variado y realmente acercan el cine al pueblo. Esa es su visión del LAAF en Utrech.
En cuanto a los jóvenes creadores como él, Pavel encuentra un momento crucial para que tomen la iniciativa con producciones independientes. El cineasta cree que el panorama en la isla es alentador ya que la ICAIC como Instituto de Cine, es consciente de que no puede controlarlo y que los trabajos independientes consiguen también buenos resultados. Se dispone, en definitiva, de una accesibilidad mayor a los medios.
Pavel está inmerso en una multitud de proyectos por realizar y esperemos que pueda llevarlos acabo y engrosar su por ahora buen formada filmografía. No es el único joven que tiene que enfrentarse el problema de la experiencia requerida. Pero quizá sí de los pocos que sabe que “lo peor de ser joven es no entender muy bien la importancia de ser viejo”.
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por: María Epelde
LAFF 2009
Un guardaespaldas retirado vive sin alicientes la monotonía de su vida. En su juventud, y junto a su gran amigo, el vasco, fueron los guardaespaldas de un famoso gángster. Como el mismo dice, “soy un hombre preparado para morir de un disparo, no postrado en la cama”. Pero una nueva misión se cruza en su camino, recuperar el oro escondido en la mansión del capo. Para ello, recluta a un par de jóvenes a los que enseña la ley omertá, la ley del silencio, “la traición, no se perdona”.
Se trata de una película magnífica en muchos sentidos. Es la segunda obra del director cubano Pavel Giroud y destaca por la mezcla de géneros, recuperando el cine negro con dosis de comedia y surrealismo; por su cuidada ambientación, ritmo y música. Y sobre todo por un plantel de actores que ofrecen unos personajes cuidados al detalle. No se pierdan a la callada y misteriosa sirvienta de la mansión, fantástica en su papel silencioso y lleno de matices.
La acción se desarrolla en la casona en la que tratan de encontrar el oro y donde el guardaespaldas retirado enseña a los jóvenes sus propios códigos de conducta. Al mismo tiempo, vamos conociendo su pasado a través de elegantes flashbacks que nos muestran la juventud de los guardaespaldas y sus años dorados.
La película, que juega con el espectador y con la intención del relato muy hábilmente, presenta interesantes reflexiones sobre el comportamiento humano y los años posteriores a la revolución cubana. Se trata de un film para disfrutar, que ofrece infinidad de de guiños y códigos para el espectador avispado que trate de descubrirlos. .
CíRCULO D.M.
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HFFNY ’09: Omerta
When Castro came to power, he nationalized everything, including organized crime. Of course, you will not hear about the drug traffickers and narco-terrorists doing business with the dictator in contemporary Cuban cinema, but they would horrify the old school gangster protagonist of Pavel Giroud’s crime thriller, Omerta (trailer here), which screens during this year’s Havana Film Festival New York.
It is 1961, and Giroud takes pains to include plenty of state broadcasts trumpeting the revolutionary triumphs of the new regime. However, once the propaganda is out of the way, Omerta settles into an entertaining crime story. Rolo Santos is a proud man, who lived by a code: Omerta. As the former bodyguard of an American gangster, Santos is now at loose ends in the new Cuba. Finally, word of an assignment comes from a former associate—they must break into the boss’s confiscated mansion to recover a hidden cache of gold.
Unfortunately, Santos’s old friend dies before they can carry out the job, leaving him with a ne’er-do-well nephew as his replacement. Together with a cab-driver reluctantly recruited by Santos, they hit the mansion. However, instead of gold, they find the long-time maid still on duty. Much to Santos’s regret, he quickly finds himself immersed in a hostage situation, holding a copper and the woman for whom he has long carried a torch.
The relationship between Santos and his would-be love gives Omerta surprising heart thanks to the chemistry between Cuban actor Manuel Porto and Spanish actress Teresa Calo, which suggests years of history between the two. Their intimate moments during this time of crisis, like a nostalgic dance they share between calls from the police, are indeed quite touching.
As for the caper, Giroud efficiently maintains the tension, throwing in some interesting wrinkles along the way. Although there are plenty of flashbacks, Omerta’s timeline is always easy to follow and the pacing never flags. While the supporting players might not have the considerable screen-presence of Porto and Calo, they are certainly serviceable in their roles.
Despite hewing to the requisite party line, Omerta is an entertaining and even endearing period noir. For sophisticated viewers able to parse diegetic propaganda, it is worth screening. It plays again at the HFFNY this coming Monday afternoon (4/20).
Labels: Cuban Cinema, HFFNY ‘09
posted by J.B. @ 5:02 AM
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Juan,
¡como me gustaría criticar la película de Pavel Giroud!
Ya que efectivamente no he leído hasta ahora ningún articulo que hable de ella, quisiera decir algo porque me parece que esa película lo merece .
Fui a ver Omerta durante el Festival del nuevo cine Latinoamericano, era una noche ventosa y friolenta y no quería salir de mi casa, pero no se que me pasó, di pronto me vino una gana incontenible de ver algo mafioso…. jejejeje…
En el cine Yara me senté en primera fila porque quería ver la película sin problemas de barreras arquitectónicas, las butacas de un cine me resultan muy incomodas, mi pierna izquierda no se dobla ni muerta así que el único remedio para sentarme cómoda es ponerme bajo de la pantalla. El cine estaba repleto de gente que no acababa de hablar, de comer palomitas ruidosas, de ir al baño que estaba exactamente a la derecha de mi pierna rígida, así que todo el mundo me pedía permiso en la mayoría de los casos, otros me miraban malísimo parándose delante de mi esperando que quitara la pierna entrometida entre la pantalla y el baño. En fin, este era el cuadro de la situación, terrible lugar para ver una película en santa paz.
Sin embargo desde que la película empezó yo estaba fascinada, esa nieve que me caía encima en la oscuridad de una voz amable que nos revelaba los secretos de la edad me capturó en seguida, estaba como hipnotizada, tanto que me levantaba, sin mover mis ojos y mis oídos de la pantalla, a cada rato para que la gente pasara para ir al baño, lo cual es muy raro en mi, en otra ocasión hubiese salido del cine y decidido ver la película en otro momento.
Y cuando finalmente la luz nos inundó me vino espontaneo batir las manos, como hacen los niños frente a tanta maravilla. Ese actor tan bueno que pícaro se miraba delante de un espejo de otros tiempos, dirigiéndose a un armario que me acordó mi abuelo, me hizo llegar incluso el olor a naftalina. Lo percibí fuerte y claro en mi nariz, esa fotografía tan precisa y a olor a ébano me regaló momentos de mi niñez. Me predispuse entonces a pasar un rato extraordinario y así fue. Me gustó tanto la película que fui a verla dos días después obligando Fernando Pérez a verla conmigo, esa vez nos sentamos mas lejos de la pantalla porque Fernando es tan gentil que les permite a uno de acomodar su pierna que no se dobla sobre el.
A Fernando Pérez, un estimador excelente de películas, también le gustó mucho.
Por eso no entiendo porque nunca se habló de Omerta ya que según mi opinión estamos delante de un gran director de cine, un perfeccionista digo yo. La historia muy bien contada nos demostró como desarrollar (déjame subrayar) con poquísimo recurso económico una historia de Época en una pocas locaciones, con pocos diálogos y una gran puesta en escena. Para mi gusto todo estaba en su lugar, no faltaba nada y nada sobraba, los actores buenísimos fueron dirigidos ad Arte; el guion perfecto en su estructura narrativa, cada palabra tenia un sentido profundísimo, me daba la sensación de encontrarme en un cuento de humor ingles refinado, un pedazo de Historia politica y social contada ad oc nos revelaba una Cuba que yo personalmente desconocia; de la fotografía ni hablar, cada plano era un cuadro que todavía recuerdo nítidamente, y recuerdo que cuando se acabó la película dije a mi compañero de butaca: si yo tuviese 13 millones de dólares como los tienes Luc Besson, se los daría de inmediato a Pavel Giroud a ojos serrados. Fernando se rió pero me contestó: tienes razón, yo también se los daría.
Estoy segura a ojos serrados que Pavel Giroud es un Cineasta que no tiene nada que envidiar a los Hermanos Cohen o otros tantos mas… Takeshi Kitano seria feliz de verla, reconocería de inmediato un buen discípulo como Pavel Giroud, que lastima que los críticos de este País no se dieron cuenta, a excepción de los de Matanza que lo premiaron justamente. Les pido arrodillandome, con la unica pierna que se dobla que tengo, a Frank Padron que nos haga ver Omerta en su programa de Cine de nuestra America. Mil gracias anticipadas.
La mía obviamente no es una critica de critico de cine porque no lo soy, mi trabajo es otro. Pero si de algo sirve mi opinión de siciliana pasionaria y cinefila indomable con esperiencia larga 40 años (ya que mi papa me llevaba al cine desde que tenia 8 años) me gustaría decirles a Pavel que en mi tiene una ferviente amadora de Omerta, ese chucho a la mafia me hizo reír muchísimo, y ya que estoy soñando sueño en grande y me imagino que un día no muy lejo llegará un productor con mucho dinero que será bien dispuesto a invertir un dineral en este extraordinario Cineasta cubano. Se lo merece, a pesar que la película pueda o no gustar por el contenido literario de difícil lectura, Omerta es una excelente obra de arte cinematográfica.
con cariño siempre, Anna assenza
(disculpa mi español espantoso, pero que remedio, me sale la siciliana siempre y eso me hace escribir como hablo)
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Por Rubén Padrón Astorga
Portal de Cine y Audiovisual Latinoamericano y Caribeño
Un viejo gánster ha decidido revivir sus tiempos de gloria. Ayudado por dos advenedizos, resuelve practicar la antigua norma Omerta en la búsqueda de un tesoro. En efecto, no se trata de un robo, sino del rescate de un tesoro en la antigua casa de un capo mafioso. Pero uno de los ayudantes amarra por gusto a la sirvienta de la casa; Rolo, el gánster, se figura que el desenterramiento del tesoro es una gran misión; el otro ayudante se coge demasiado en serio la subordinación a Rolo; y unas vecinas que sospechan avisan a la policía. Nada más que esto. No es, por tanto, cine negro. Es más clarito. En esto consiste la burla que es toda la película. Cada personaje es una burla de lo que representa. Es sorprendente en Omerta lo poco que se dan los personajes a los espectadores, lo poco que parecen deberles. Uno se siente extrañado contemplándola, pues uno está acostumbrado a personajes que hacen concesiones al espectador, que parecen fabricados, no para decirle nada nuevo, sino para corroborarle lo que piensa. Personajes sin carácter, caricaturas que parece que miran de reojo a las lunetas, como preguntándose si lo están haciendo bien. En Omerta no hay servilismo de los personajes. Estos no le deben nada al espectador, se deben solo a sí mismos. En estos tiempos, si el personaje no dice lo que se espera que diga, entonces es débil o está mal caracterizado. Si lo que dice suena a bolero, entonces es cursi. Si lo que dice no es extravagante, entonces no tiene gracia. Hay muy poca humildad en todo esto. Dicen que el espectador contemporáneo ha perdido ingenuidad. No lo creo. No es inteligencia lo que veo, sino petulancia. Creo que nos hacía falta un gánster modelo, chapado a la antigua, amable y justo. Alguien se preguntará si los gánster son así. No importa, hay demasiada gente que sin ser gánster no es así. Creo que lo que Pavel propone va mucho más allá del gansterismo, y mucho más acá de las personas que viven dentro de la ley. Ser justo va mucho más allá de la profesión que se practica, sea legal o no; cae más bien dentro del terreno de la moralidad. Se puede ser injusto y profundamente inmoral. Es más, solo quien es injusto es verdaderamente inmoral. Nuestro gánster de Omerta, entrañable personaje que prefiere la persuasión a la fuerza, la justicia a la violencia, el ayudante laborioso al haragán, la muerte a la vejez inútil, está caracterizado con simpatía. No era más que esto lo que había que darle a nuestro gánster, es decir, una oportunidad y un poco de simpatía. Lo mismo para los ayudantes. En ausencia de otra, Omerta es la ley que los acoge. No son más que dos infelices que se apuntan a un bombardeo. Otro tanto se podría decir de los policías. ¿Qué piensan estos policías misteriosos de Omerta? Quizás ni ellos lo sepan. La película está salpicada de pequeñas burlas. Como piedrecitas, están puestas para atravesarse en el camino del espectador. A veces molestan, pero es la molestia grata que provoca lo difícil, lo insinuante, lo paradójico. También tiene deficiencias Omerta, pero estas son más débiles que sus propósitos. Tal vez en el cine de nuestros días las deficiencias no se perdonen, pero no hay mejor placer, a veces, que contemplar un error que se ha cometido a cambio de un poco de desenfado.
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Aquí les dejo otra crítica que destroza mi película. Esta me gusta mucho, porque aparece una definición de mi película que me encantaría incluir en el poster o la tapa del DVD: “una película rara, distante, hierática”
Disfrútenla
Por: Joel del Río
Correo: cult@jrebelde.cip.cu
06 de enero de 2009 00:42:41 GMT
Omerta es una película cubana de gángsteres, en la línea de El Padrino, y de algún modo parecida a ciertos filmes realizados por Alfred Hitchcock o protagonizados por Edward G. Robinson. Se agradece que Pavel Giroud, el director y guionista, se arriesgara a pulsar una asignatura pendiente del cine nacional, y al mismo tiempo, probara fuerzas en un género que a todas luces adora. Aquí está el tipo duro venido a menos, pero todavía caballeroso y gentil, insobornable y bondadoso; se prueba el suspenso inherente al subgénero caper (variante del cine criminal consagrada a relatar un gran golpe emprendido por uno o más delincuentes); aparecen por supuesto los códigos de honor y lealtad entre los implicados; está el héroe envejecido que se enfrenta a ese último robo que le permitirá tal vez redimirse… pero la manipulación dramática de todos estos motivos no alcanza —por mucho que este crítico se empeñara en autoconvencerse— la lógica irreprochable, la entidad y el calado inherentes a las grandes películas de ese género (entiéndase no solo los añejos ejemplos mencionados, sino también otros más contemporáneos dirigidos por Martin Scorsese, Takeshi Kitano o Quentin Tarantino, por ejemplo).
Algo ha fallado en la esperable fluencia de afectos entre el público y esta nueva película cubana. A mi entender, tal comunicación se vio obstaculizada por la casi imposibilidad de identificación con algún personaje, y también se debe a la extrema diversidad de tonos elegidos por el autor, pues si bien el filme cataloga como un todo dentro del cine criminal, hay demasiados momentos consagrados a la farsa, la parodia, e incluso al musical y el drama romántico. Tales momentos dispersan la atención del respetable pues rompen la tónica, la lógica del relato y el ritmo narrativo que se supone dominante. Demasiado juguetonas, o paródicas, ciertas escenas que se suponían melodramáticamente cruciales; excesos de pomposidad en el lenguaje de la fotografía (encuadres hipersofisticados, constantes barridos, movimientos nerviosos de cámara, zooms reiterados) que también contribuyen al distanciamiento; diálogos y acciones acartonadas, solemnes o ritualizadas; música grandilocuente en apoyo de acciones mínimas; retrospectivas que poco favorecen la profundización en la siquis de los personajes que las protagonizan y además entorpecen el fluir de la muy desvaída trama principal; ambigüedad en el acercamiento a los preceptos éticos de los personajes; un asesinato vindicativo al son de los Van Van, que llega a desconcertar al más tolerante de los espectadores; ausencia de humor y de tragedia, de drama y de comedia, o por lo menos torpeza en el manejo de las cuotas precisas de cada ingrediente… en fin, se asumieron muy externamente los códigos elegidos, y el producto termina siendo una película rara, distante, hierática.
En una época como la actualidad, cuando se percibe el viraje del cine nacional hacia los géneros convencionalmente aceptados (Barrio Cuba, Personal Belongings y Mañana, en el drama filial; Viva Cuba y Miel para Oshún en la road movie; El Benny, Bailando chachachá, el segundo cuento de Tres veces dos y Habana Blues, en el musical; Kangamba en lo bélico) habrá de tenerse en cuenta los aciertos y virtudes de Omerta en cuanto al acatamiento de, o ruptura con, los cánones que gobiernan la eficacia dramática del filme en el juego con las claves genéricas empleadas. Será una lección de obligatorio aprendizaje para todos, porque para nadie es secreto que la mayor parte de la eficacia, en este tipo de películas se construye en el guión, con el diseño de los personajes, el fluir y la interrelación de las acciones. Igualmente se impone volver a revisar los clásicos de cada índole, estudiarlos hasta la saciedad, develar los secretos de su eterna juventud, y además, buscar la manera de variar los cánones que asentaron tales títulos sin lesionar la comunicación con el público. Se dice fácil, pero no hay otra forma. Cuando una película de gángsteres no funciona, es porque, hablando mal y rápido, se violaron las leyes que rigen este tipo de obras, o se alteró demasiado drásticamente la tipología de sus protagonistas típicos, o se irrespetaron las estructuras dramáticas y narrativas que el público espera, y ansía ver, en tales casos.
No soy yo de quienes apuestan porque en el cine cubano todo atraviese los seculares cauces del melodrama y la comedia costumbrista, pero a Omerta le faltó la humildad de atenerse amorosamente a sus personajes, a los presupuestos estilísticos y narrativos inherentes al llamado cine negro —por muy cubana que quisiera ser esta variante— y se extravió en distanciamientos y maniobras formales e intergenéricas que exceden los propósitos, se van de las manos e incluso pueden llegar a molestar. Cuando Sardiñas decide mostrarle a Rolo el pasillo de su creación (momento bailable-musical en el cual se adivina al «futuro» Michael Jackson), al espectador, por lo menos a mí me pasó, no le queda más remedio que considerar totalmente extemporánea una alusión desligada por completo del resto de la película.
Conste que deshilvanada y todo, la escena de baile está formidablemente filmada y editada, como había de esperarse entre profesionales con tanta experiencia en el videoclip nacional. Además, en el filme todo, no deja de ser virtuosa ni la dirección de arte de Onelio Larralde, ni la edición de Lester Hamlet (uno de los rubros más funcionales y certeros) ni la fotografía de Luis Najmías (incluso cuando el pacto entre director y fotógrafo optó por picadas y contrapicadas a lo Citizen Kane que aportan una retórica bigger than life, demasiado prolija para este relato).
Omerta, del realizador cubano Pavel Giroud, se presentará en los cines de estrenos de la capital hasta el 7 de enero.
En el acápite de los aciertos debe anotarse también la participación de rostros jóvenes y poco habituales en la gran pantalla. El talento y la sinceridad de Manuel Porto permanecen incombustibles, aunque lo llamen poco para el cine, y así le confiere una dignidad a su Rolo que lo salva del patetismo y la autoparodia. Kike Quiñones, Yadier Fernández y Ulik Anello formulan tres respectivas antítesis del protagonista, y cada uno sale airoso a su manera en el duro cometido de acompañar al héroe, brevemente, y no resultar eclipsados por la impronta del veterano. Ojalá cuenten los tres con futuras ocasiones de manifestar sus talentos. Solo apuntar el desafuero en la norma lingüística del personaje que interpreta Yadier Fernández, quien emplea giros coloquiales francamente contemporáneos, anacrónicos en una trama que se supone ambientada hace 40 o 50 años.
Muchas veces se asegura, en el medio cinematográfico, que la verdadera prueba de fuego para un joven cineasta no es tanto la primera película como la segunda, la cual deberá convertirse en fecunda demostración, promesa ratificada. Omerta constituye el segundo intento de Pavel Giroud en el largometraje de ficción, luego de la auspiciosa, y en muchos sentidos convincente La edad de la peseta, y de los celebrados cortometrajes Todo por ella y Flash (primer cuento de Tres veces dos). Pavel ha demostrado habilidad para crear atmósferas, conferirle solvencia a su representación y visualidad a una historia. Sabe manejar eficazmente la mayor parte de los códigos cinematográficos que conforman una película, y se encuentra apostado justo en la encrucijada que lo enfrentará a su tercer intento en grande. Quizá sea el momento para reflexionar —sin fiarse excesivamente de un talento que nadie debe negarle— sobre el cariz que tendrán sus películas venideras. Tal vez deba cuestionarse si será mejor continuar imprimiéndole su impronta a guiones ajenos, o cargar con la responsabilidad de idear la historia y luego ponerla en escena. Pero yo estoy muy lejos, sinceramente, de tratar de decirle lo que debe hacer, como no sea que ha contraído la responsabilidad de insistir una tercera, cuarta, quinta… vigésima vez. Su oficio es fabricar buenas películas, y el mío es criticarlas. Ambos estamos tratando de hacerlo lo mejor posible. Creo yo.
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09/12/2008
Por Yuris Nórido
Con Omerta, Pável Giroud rinde homenaje a uno de los géneros cinematográficos más populares: el cine negro. En algún momento de la trama uno pudiera pensar que, más que un homenaje, el director pretendió filmar, efectivamente, una película de ese tipo con todas las de la ley. Pero es imposible tomarse del todo en serio las referencias formales, lo guiños al género, no solo porque hay cierta voluntad hilarante (que la hay, y muy evidente) sino porque esas referencias están demasiado acentuadas, hasta el punto de que a uno no le queda más remedio que asimilarlas casi como paródicas.
Está, por ejemplo, todo el regodeo en lo elíptico: la sombra de un personaje en la pared, pistola en mano; las siluetas distorsionadas por un cristal, la acción sugerida, o escuchada a través de la pared… Es marcada la intención de reunir todo el rosario de situaciones y efectos que han devenido característicos de una manera de hacer cine. Pero aquí no se asumen con la naturalidad de las películas negras de siempre. La historia misma parece concebida para el remedo desenfadado.
Nada de esto resta méritos a la cinta. Podría ser, incluso, su principal atractivo. Qué más da cuáles hayan sido las intenciones del director. El resultado ha sido una película simpática, entretenida, correcta.
La historia de un gánster en la Cuba de los primeros años de la Revolución, cuando se ha hecho más que evidente que el mundo al que pertenece se ha derrumbado, deviene una parábola singular sobre el hecho mismo de envejecer, de resistirse a la idea de que tu tiempo pasó. El héroe de la historia –que como en tantas películas del cine negro, es también un antihéroe, aquí se borran las fronteras- está consciente de que las circunstancias ya no le son propicias, pero se aferra a un sistema de valores que trascienden la esencia delictiva de su “profesión”.
Hay mucho también de aquello de que “perro huevero, aunque le quemen el hocico…”, pues este individuo es incapaz de “regenerarse” de “integrarse” a una nueva realidad sin que este hecho signifique su frustración, su decadencia. No le queda más que insistir en sus andanzas. A Pável Giroud, en todo caso, no le interesa juzgar con severidad a sus personajes, al menos no a su personaje protagonista; otra cosa sucede con el de un delincuente de poca monta; aquí se dejan bien establecidas –otra vez como en el cine negro- las diferencias entre el delincuente de cuello y corbata, y el ratero sin modales.
La historia fluye bien, sin altibajos significativos. Giroud dinamita con dominio la narración cronológica, para crear un entramado favorable al suspenso. La dramaturgia es bastante cuidadosa, aunque después de la mitad, la cinta decae un poco en ritmo e interés de las peripecias.
A la hora de recrear una época, Giroud se vale de los mismos recursos que en su anterior La edad de la peseta: predominio de primeros planos y planos medios, énfasis en los detalles; fotografía, de fuerte carga expresiva y peculiar estilización; banda sonora perfectamente contextualizada (que en este caso rinde homenaje a la musicalización característica del cine negro, con partituras que remarcan la tensión y golpes musicales que acompañan a golpes de efecto).
En cuanto a los actores, Manuel Porto interpreta con extraordinario carisma al gánster en cuestión, haciendo énfasis en el tipo, pero sin caer en la caricatura. Plausibles también los desempeños de Quique Quiñones y, sobre todo, Yadier Fernández.
Con este segundo largometraje, que cuenta con todos los ingredientes para atraer a un público amante de las historias de mafiosos, sobre todo si están contadas con mucho humor, Pável Gikroud se consolida como uno de nuestros más briosos realizadores. Un director que sabe moverse en disímiles géneros, que se resiste a ser encasillado.
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Por: Marlon Brito López.
Omertá es la recién estrenada película del realizador cubano Pavel Giroud, en el 30 Festival de Nuevo Cine Latinoamericano nos recrea a la Habana en el año 1959. Habla de hombres vinculados al código Omertá y su metáfora es precisamente basada a ese código, la traición se paga con la muerte.
Un filme que se sustenta y crece con elementos del cine negro y principalmente con el adecuado uso de esteriotipos del cine de la Mafia. Es quizás, un guiño a Mario Puzo y al maestro Ford Coppola, porque Pavel Giroud respeta la zona paradojal de la mafia que establecieron como cánones de este tipo de cine el binomio Puzo-Coppola.
Por encima de toda opinión, Omertá posee su propia personalidad, no traiciona la estilística del cine cubano y su aporte al séptimo arte criollo, aunque transita por un género poco tratado en el cine que se hace en la isla, no renuncia a reflejar al cubano tal y como es, intrépido, altruistas y con un gran sentido del honor y un insaciable humor.
De muchas ironías esta hecha la vida y esas ironías están presentes en el filme. Es archiconocido que La Mafia y el comportamiento mafioso, es abarcadora y está peligrosamente difundida. Eufemísticamente, es una trasgresión organizada, pero en realidad es un comportamiento grupal brutal y delictivo por excelencia, que no admite disensos y exige acatamiento neto, bajo pena extrema.
En el filme de Pavel se observan esos elementos, sin embargo aporta más. Pavel evitando edulcorar a sus mafiosos, establece muy bien las diferencias personales de cada uno de los personajes vinculados al código Omertá y sabe construirlos con una psicología bien definida para hacer tangible la historia, la época y el contexto social que se esta viviendo.
Como elemento interesante nos propone que en esta micro fracción de la mafia cubana se experimenta cierta integridad racial porque acepta en sus filas a un hombre de la raza negra, esta licencia asumida por Pavel enfatiza la poderosa convicción ideológica que se planteó en su punto de vista.
Hay un momento en el transcurso del filme que no esta a la altura de la obra, tiene que ver con la solución que se le da desde el punto de vista de puesta en escena a la secuencia del niño que hiere al gendarme de la policía, la acción dramática de este suceso posee altibajos, el montaje, aunque hace gala de su buen oficio no logra solucionar plenamente esta situación.
Ojo, aunque la secuencia anterior posee altibajos en su puesta en escena, posee un sólido fundamento dramaturgico. Teniendo en cuenta que el absurdo es permisible y es una carta de triunfo en esta película, la ingenuidad del chico que toma el revolver y asesina al policía no es un error del guión, son elementos de apoyaturas que actúan como suspenso en esta secuencia que a modo de parodia representa los contrastes psicológicos existentes entre los personajes y la época, sacando a luz otra metáfora, unos matan por oficio, otros por inocencia.
En las actuaciones se destacan los jóvenes y los más consagrados, pero la triada integrada por el camaleónico Manuel Porto, el consagrado Kique Quiñones y el versátil Yadier Fernández, es una muestra de la apropiada y convincente selección de casting empleada por Pavel y los productores del filme. No nos asombremos si uno de estos nombres es nominado al premio de actuación masculina o de reparto, el histrionismo y lo orgánico se hace muy evidente en cada una de estas interpretaciones.
De otra parte, en lo formal tal vez otros pueden encontrar en Omertá lo manido, lo clásico, pero Pavel en este divertimento logra trasmitir códigos universales, vistos e interpretados por él desde su propia hermenéutica intelectual. Seria injusto y pedestre catalogar a esta película como una historia insustancial e intrascendente, es sin embargo una excelente recreación de un segmento social de una época, es una historia bien contada que utiliza intertextos de sutil y eficaz agudeza psicológica y social.
La fotografía de Luis Najmias, la Dirección de arte de Onelio Sarralde, el montaje de Lester Hamlet y el adecuado tratamiento del sonido realizado por Agost Alustiza Lasa,implican una realización de exquisita factura cinematográfica que corresponden a la genuina estética visual del realizador Pavel Giroud.
Omertá apuesta en ser nominada a los primeros premios en especialidades y en ser la película, dentro de su género, la más popular de la 30 edición del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de la Habana, sólo el tiempo nos dirá la última palabra.
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Me niego a publicar solo las loas a mi trabajo. Aquí tienen la crítica publicada en el periódico Granma sobre mi mas reciente estreno, OMERTA
ROLANDO PÉREZ BETANCOURT
rolando.pb@granma.cip.cu
Cuando transcurrido un tiempo prudencial el espectador nota que no ha podido conectarse debidamente con el tono en que pretenden contarle (¿drama? ¿comedia?, ¿sátira?, ¿acaso una mezcla de todo?), entonces es que algo extraño está sucediendo.
Y ese algo poco halagüeño marca a Omerta, la última entrega de Pavel Giroud, quien tan buenos augurios desplegara con sus dos primeras ofertas en pantalla grande, la última de ellas, La edad de la peseta.
Concebida bajo una óptica de historia de gánster crepuscular “a la cubana” y con una trama tan endeble y hasta reiterativa en su esencia criminal que necesitaba de un extra en el tratamiento artístico para sustentarse, Omerta no pasa de ser un propósito simpático lastrado por una combinación de factores endebles.
El regodeo con la cámara y las luces, los rebuscados planos, el montaje dinámico hacia los finales tratando de imprimir una artificial connotación de thriller, no bastan para que esta historia ubicada a principios de la Revolución, tras el degüello de los casinos y la fuga de los mafiosos estadounidenses, fluya y se sienta creíble.
El cuento del tipo duro que pierde facultades con los años, que se resiste al retiro y prepara un “último golpe” ha sido llevado no pocas veces a las pantallas; recordar solo aquella pequeña joya de Louis Malle del año 1980, Atlantic City, con dos envejecidos Burt Lancaster Y Kirk Douglas.
A Rolo Santos, ex guardaespaldas de un importante mafioso, masticador de vidrios y apegado al gatillo fácil, le falta profundidad de carácter y matices psicológicos en su concepción literaria como para que ese buen actor que es Manuel Porto pueda sacarlo adelante en un guión en el que florecen las imperfecciones. Lo mismo sucede con algunos otros personajes, en especial los dos delincuentes de poca monta enrolados en esa Omerta, ley del silencio que se cobra con la muerte y que en el filme no pasa de ser un recurso de subrayado tremendismo final.
Los diálogos y las acciones que tienen lugar en el caserón donde se busca el gran tesoro están necesitados de una mayor verosimilitud y hasta de gracia allí donde se adivina la intencionalidad de la nota desenfadada. Y el cierre resulta demasiado deudor de muchas películas de Hollywood, y no exactamente como guiño reverencial al género.
El cine negro, se asuma en serio o con pespuntes de ironía, requiere de un fino bordado para convencer a un tipo de espectador que ha envejecido viéndolo y de él sabe desde la A hasta la Z.
Las vías para transitarlo con éxito tienen sus fórmulas, abiertas siempre a los aportes renovadores, una combinación entre lo viejo y lo nuevo a la que Omerta poco aporta.
El film OMERTA de Pavel Giroud, estrenado en el pasado Festival de San Sebastián en una presentación especial fuera de concurso, se presentará en el próximo festival internacional de cine de La Habana, donde hace dos años, cuando era apenas un proyecto, obtuvo el Premio Coral al Mejor Guión Inédito.
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©José Luis García/Cinestel.com 08/08/2008 
Tras su primera incursión en la dirección en solitario de un largometraje de ficción (“La Edad de la Peseta”), con un reparto que incluía a la española Mercedes Sampietro cuando esta presidía la Academia española, Pavel Giroud terminó ya el rodaje de su nueva película, “Omertá”, una visión distinta a lo que estamos acostumbrados a ver en cine con respecto al tema de la mafia en el siglo pasado.
- ¿Qué te motivó a escribir un guión sobre una historia situada cuando los gangsteres mafiosos habitaban en La Habana pre-revolucionaria?
“Estaba un poco frustrado con mi anterior proyecto vinculado a “La Mafia” radicada en La Habana. A todos les gustaba, pero todos lo veían muy costoso, sobre todo porque el lujo que envolvía a los personajes era vital en el drama. Obsesionado por la vaselina en el cabello, los sombreros de ala corta de medio lado y los S&W decidí inventarme una historia barata con olor a pólvora. Me puse a pensar que Mafia y Revolución solo se había tratado de una manera, en como la Revolución jodió a los líderes de la mafia, pero nunca, en como los individuos vinculados a ese mundo, que no eran criminales, recibieron el porrazo de la Revolución Cubana”.
- Este guión parece que pasó por un largo proceso, al menos si tenemos en cuenta su fecha de arranque.
“No, fue más el tiempo que estuvo guardado en mi gaveta que el que tomó en hacerse. Si bien es cierto que es un guión de hace casi cinco años.Inmediatamente de terminarlo fue rechazado por el Comité de Proyectos del ICAIC. Luego lo saqué a flote en el concurso de que patrocina TVE en el Festival de La Habana y ganó la posibilidad de hacerse. Comencé a rodarlo en Noviembre de 2007 y ya en Mayo de 2008 estaba listo”.
- ¿La colaboración de Televisión Española supone garantías de que la podremos ver en España y, en buena lógica, la posibilidad de estrenarla previamente en los cines de acá?
“Usaste una palabra muy adecuada: “supone”. Mi anterior film también tuvo variada participación española en la producción y distribución y apenas estuvo 15 días en una sola sala en Madrid y Barcelona en la misma época que estaba el show de los Goya, premios a los que estuvo nominada y ni siquiera esto se aprovechó para hacérsele una promoción adecuada. Tampoco se ha distribuido en DVD ni se ha transmitido en televisión. Curiosamente, en Estados Unidos -a quienes siempre vemos como los malos- sí se ha proyectado en varias televisoras y se distribuye en Home Video”.
- De todos modos resulta interesante que estos coproductores no hayan intervenido para nada en el desarrollo argumental de la historia, ¿no te has sentido más a gusto trabajando de esta manera?
“Hay al menos dos maneras de hacer este trabajo. Una es que me llamen para hacer una película, como fue mi primera experiencia. En este caso, admito que soy un integrado a determinado proyecto puesto en marcha por otros. La otra vía es que con mi proyecto en mano, aparezcan posibles integrantes, entre los cuales están los coproductores. En este caso debe ser gente dispuesta a apostar por mis intereses y aunque soy muy abierto a las sugerencias por parte de cada uno de los componentes, no acepto imposiciones. Sé adaptarme a la naturaleza de cada proyecto”.
- ¿Prefieres tener predeterminados los detalles del rodaje o dejas abiertas algunas puertas a sugerencias de los actores o actrices durante la filmación?
“Ambas cosas. Mientras más ajustado esté todo en tu cabeza, tienes más megabytes libres en tu cerebro para procesar sugerencias. Yo escucho siempre, lo que no quiere decir que haga siempre lo que me dicen.
Encerrarse en si mismo es un peligro brutal en esta profesión. Si estás seguro, puedes oír criterios hasta del chofer que no entra al set”.
- Tu ex-compañero de “Tres veces dos”, Lester Hamlet, participa como actor en “Omertá”, lo que significa que continuáis colaborando en otros proyectos.
“Lo que ocurre es que para ese personaje yo hubiera podido contar con cualquier actor y posiblemente me lo hubiera hecho mejor que Lester.
Lo que nadie hubiera hecho mejor que él es editarme mis dos películas. Ahí es donde radica nuestra colaboración. Lester, además de ser un excelente director, con una estética muy bien perfilada, será mi editor mientras quiera”.
- ¿Insistirás en tu lucha para que alguna vez podamos ver en el cine “Emporio Habana”, esa historia que tienes escrita sobre Meyer Lansky y su relación con otros gangsteres norteamericanos que pululaban libremente por La Habana de los años 50?
“Por ahora, prefiero dejarla reposar. Tengo en cartera un próximo proyecto que produciré de manera independiente. Se llama “El Acompañante”. Será asumido por Producciones de la 5ta Avenida, quienes tienen en su aval uno de los films Cubanos más efectivos de los últimos tiempos, PERSONAL BELONGINGS. Prefiero centrarme ahora en proyectos más pequeños y cercanos a la realidad más inmediata. Es lo que tengo ganas de hacer”.
- El cine cubano tiene una larga historia, superior incluso al 50 aniversario del ICAIC que pronto vamos a celebrar, pero… ¿cómo ves las posibilidades actuales de producir cine en Cuba?
“Creo que variantes hay muchas, que no excluyen a la que se implementa actualmente, aunque esta requiere serias modificaciones. Al ICAIC le urge separarse del diseño económico centralizado del país, pues este obstaculiza varias áreas el proceso de conformación de una película. En esto no se pretende quitarle alICAIC su papel como Instituto de Cine, pero es inevitable que se libere de la responsabilidad de ser el templo de la producción de la manera que ha venido siéndolo.
Es urgente que la figura del Productor Autónomo tenga amparo legal y que se cree y acomode el flujo de gestión entre estos y los organismos culturales estatales. La industria debe dar un vuelco total. Replanteárselo todo, pero la industria por si sola no puede, pues es una cajita dentro de un cajón.
Las ineficiencias operativas dentro de nuestra industria cinematográfica están por pagar un alto precio, el de anular por completo uno de los grandes patrimonios culturales de Cuba.
Nada hay más parecido al cine Cubano que el Producto Interno Bruto de Cuba (PIB); las cifras dicen que crece y crece, pero en la realidad, no se siente. Cuba está borrada del mapa Fílmico Universal Contemporáneo”.
Me gustaría decir que mi historia como enamorado del cine comenzó un día en que iba paseando por la calle 23, me detuve en la cinemateca y al entrar, me encontré con El Espejo, de Tarkosvky (nunca sé donde van la S y la V ) y ahí mi vida cambió para siempre, pero no es así.
Luego de pasar una niñez viendo –nunca hasta la saciedad- todo Cantinflas, pasé mi adolescencia disfrutando las películas de Golam-Globus, aquella productora que hizo clásicos serie B en los 80s con Charles Bronson o Chuk Norris. Aquellas películas pasaban de mano en mano en cintas Betamax . Así vi mis primeros pornos, copias de 8va generación en las que muchas veces el chocho de Ginger Lynn, era una simple mancha negra.
Por aquella época, cada vez que alguien me preguntaba cuales eran mis películas favoritas, mi respuesta era siempre la misma: Las de Mafia. Era sincero. Mentía cuando me preguntaban que quería ser de grande y respondía que Marinero, cuando en realidad quería ser Mafioso, Capo di tutti Capi. Había visto “El Padrino” en la tanda del Domingo, aquel programa que conducía Mario Rodríguez Alemán y desde entonces colocaba mis dedos en la sien como Michael Corleone y ningún piropo femenino me halagaba más que cuando decían me parecía a Al Pacino, porque he de confesar que hasta me peinaba como el hijo de Vito. Hace poco, en un documental dedicado a Mario Puzo, me enteré que incluso, los propios Gangsters, comenzaron a vestirse y a actuar con la clase de Los Corleone, porque hasta ese momento, distaban bastante de esa imagen. De modo que no fui el único seducido por el universo criminal del cine.
OMERTA, mi película (que nada tiene que ver con la novela homónima de Puzo, de cuya existencia me enteré viendo el referido documental), es un homenaje a esas películas, una criollización del “cine de mafia”.
Como se sabe, en Cuba radicó Meyer Lansky desde los 40s a los 50s y alrededor de él, se movían célebres gangsters . Un hecho curioso, la reunión que convocara Lansky -a pedido y con la presencia en La Habana de Lucky Luciano- de todos los capos mafiosos de Estados Unidos, sirvió como plataforma para mi primer guión cinematográfico vinculado al tema, Emporio Habana, en el cual se ha interesado algún que otro productor, pero que siempre termina abandonando por lo extremadamente costoso que resulta.
Viendo lo complicado que resultaba levantar un proyecto de tal magnitud e interesado aún por el tema, decidí escribir una “historia barata con tufo gangsteril”, con la cual quitarme la picazón y salió OMERTA, cuyo primer borrador terminé en apenas 15 días.
Con esa primera versión, que es casi la actual, me fui al Instituto de Cine Cubano (ICAIC) y su comité de evaluación lo rechazó, tal como hizo con otros tantos que presentara antes, sin darme argumento alguno, pero supuse que si argumentos pedía, la respuesta a recibir sería algo así como “Ese cine es para los americanos”. Finalmente, Omerta quedó engavetada por tres años.
Llevaba unos 5 años compitiendo en el concurso de guión Inédito del Festival de Cine de La Habana. Con Emporio Habana, recibí buenos elogios por parte de Guillermo Arriaga, que era el presidente del jurado el año en que este compitió, pero mi guión quedó en segundo lugar, perdiendo así la posibilidad de obtener el dinero que da TVE al ganador y el necesario arranque de un film.
Años después seguí mi rutina de competir año tras año. Ocurrió que en el 2005 no tenía guión listo para presentar, acudí a la gaveta y desempolvé Omerta, resultando ganador. Justo cuando competí sin esperanzas. Recuerdo lo mixto del jurado. Lo presidía Fernando Castets, el guionista de El Hijo de la Novia y entre otros lo integraba el fallecido Juan Pablo Rebella (Siempre me pregunté como esos dos se pusieron de acuerdo).
Ese premio le abrió el camino a OMERTA, pues TVE daba una buena cantidad de dinero para la producción y no demoramos en levantarlo desde el ICAIC, donde ahora el guión era bien visto (aparentemente).
El rodaje comenzó en Noviembre de 2007 y duró 33 días. Hace más de un mes está lista para estrenarse y justo ahora estamos en los trámites de colarlo en algún festival trampolín, aunque debo confesar que me conformaría con que fuera una película bien recibida por el público Cubano. No creo que sea ese tipo de film latinoamericano bien visto por los grandes festivales. Veamos que ocurre. Si hay algo difícil de vaticinar es el destino de una película.
Lo cierto es que Omerta significa mucho para mi, porque me devolvió la fe. Algo que creía basura, se convirtió en muy buena materia prima; algo que parecía ser una causa perdida, a terminado por ser el producto del cual me siento mas orgulloso; el trabajo cuyo proceso más me ha divertido. Por lo que recomiendo echar mano a las gavetas. Quien sabe si en una vieja foto, una carta de alguien que ni recuerdas o un documento traspapelado está tu próximo paso en la vida.
Cecilia Crespo
Revista Cine Cubano
Pavel Giroud no deja de ser noticia… Parece no importarle otra cosa que el cine, pues no cesa en su empeño de crear. Regresó al plató luego del exitoso periplo de su multilaureada ópera prima, La edad de la peseta y de culminar el capítulo dedicado al jazz perteneciente a una serie de documentales sobre nuestro acervo musical. Recién culminó de rodar Omerta, el mismo proyecto que se alzó con el Coral al mejor guión inédito en la 27 edición del Festival de La Habana. El título resulta inquietante por su significado: pacto sagrado de silencio de la mafia siciliana, y fue utilizado por el afamado escritor italiano Mario Puzo en 1999 para designar la tercera parte de la saga del Padrino, publicada un año después de su muerte. Aunque resulten análogos en su denominación no guardan ninguna relación temática la Omerta de Pavel con la obra póstuma del novelista y, aunque huela a pura mafia, su principal objetivo no es no es el registrar las peripecias de los connotados personajes de la cosa nostra que poblaron la Habana de los cincuenta. En 33 llamados la película se filmó en formato digital de alta definición con una técnica muy similar a la utilizada en Madrigal, de Fernando Pérez. “Ya cumplí con La edad de la peseta el sueño de rodar en 35mm, ahora quiero aprovechar todas las virtudes de esta tecnología que será nueva para mí. Me gusta en cada cinta, además de enfrentarme a universos bien diferentes en el relato, toparme con nuevos rigores técnicos, son todos alicientes para la creación, comentó Pavel a Cinecubano cuando lo sorprendimos en los últimos momentos del rodaje. El elenco está encabezado por Manuel Porto y le acompañan Kike Quiñones y Yadier Fernández. Se encuentran además los actores españoles Teresa Calo y José Ramón Argoitía y varios actores jóvenes del patio que comparten escena con otros de más experimentados como Michaelis Cué, Mayra Mazorra, entre otros. Giroud está doblemente comprometido con su público por culpa de la tormenta mediática en la que estuvo sumido gracias a su anterior entrega, esperemos que sepa asumir este nuevo reto y librarlo con las soluciones a las que su talento nos tiene acostumbrado. Mientras esperamos los resultados debemos conformarnos con estas declaraciones que logramos arrancarle en la mismísima locación principal entre gritos de ¡corten! y ¡acción!, micrófonos y luces a algunos de los integrantes del staff de la cinta.
Conversando con el primer responsable
Comenzamos nuestro recorrido por Omertá de la mano de su director y guionista, o sea su principal responsable Pavel Giroud quien poco a poco respondió algunas de las interrogantes suscitadas por esta reportera mientras me mostraba algunas de las remodelaciones que le realizaron para la película al Palacio de los Matrimonios del Vedado en donde transcurre la mayor parte de la trama.
¿En que te inspiraste fundamentalmente para gestar el argumento?
La verdad es que no lo tengo aun muy claro. Usualmente comienzo a escribir el guión a partir de una estructura básica que voy madurando y cuando ya tengo un planteamiento bastante sólido y los principales giros dramáticos predeterminados, pero en este caso no fue así. Omerta parte de una idea índice, la de una mujer atada a una silla en su propia casa mientras tres hombres rompían el suelo en busca de un tesoro. En un inicio me interesaba contar la historia esta mujer y como premisa el hecho de que no hablara en todo el filme. Luego me interesó más uno de los otros personajes y focalicé la historia desde su punto de vista.
¿Cómo elegiste al protagonista?
La selección de actores no muy diferente a la que se hace en cada película, encontrar al adecuado. Tuve muy claro desde que terminé mis últimas versiones que Manuel Porto era el indicado para interpretar a mi protagonista, un antiguo guardaespaldas de gangster, que ahora, en la Cuba de los sesenta comienza a verse fuera de lugar y sin mucho que hacer, con el mundo a punto de caerle encima.
¿En que género cinematográfico podremos inscribir a Omerta?
Lo etiquetaría como un drama cargado de ironía, humor y una gran dosis de cine negro.
¿Cuánto hay del título en la cinta? ¿Por qué Omerta?
OMERTÀ es una palabra que tras muchas derivaciones terminó nombrando al código de silencio de la cosa nostra, uno de los tantos grupos mafiosos, este con su base de gestación en Sicilia. Mas que una ley es un pacto y quien lo incumpla, paga con la vida, como ha ocurrido en varias ocasiones. Omertá incluye insubordinaciones, traición y todo lo que se salga de lo estipulado por las familias. En la película, el término tiene una aplicación, que aún cargada de ironía soporta el peso de una trama que habla, entre otras cosas, sobre la dignidad humana. No puedo darte más datos sobre su presencia en el film, porque terminarìa contandote alguna que otra sorpresa dramática.
¿Qué puntos en contacto y diferencias estableces entre este nuevo proyecto y tus anteriores creaciones?
Con La edad de la peseta, bien poco, salvo el hecho de en esta también hay pocos personajes, sobre los que descansa el peso de la trama y encerrados mucho tiempo en una casa. Formalmente tendrá más que ver con mis primeros cortometrajes, una cámara más libre y un montaje mas dinámico, porque la historia lo pide a gritos.
¿A qué se debe esa predilección por las décadas del cincuenta y del sesenta en La Habana que evidencias en tus filmes?
No me canso de decir, que aunque me atrae el pasado y ser un nostálgico empedernido, son las historias las que me escogen a mí. Yo no escribí mi anterior filme, la modelo de los años 50 que aparece en Flash fue una sugerencia de Senel Paz, pues en mi primer borrador era simplemente una aparición y ubicar Omerta en los 60 fue sugerencia de varios lectores, porque en el borrador que ganó el premio en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, la historia era actual. Lo cierto es que en todos los casos ha salido beneficiado el relato con esta perspectiva nostálgica.
¿Qué te propones con esta nueva entrega?
Ante todo, divertirme. No disfruté plenamente el rodaje de mi anterior ficción porque sentí mucha presión. Ahora estoy más relajado y sin pensar demasiado en las consecuencias que me traería meter la pata. Siempre se dice que la segunda es la más difícil, pero esta casi es mi tercera, porque mi corto de Tres veces dos, me generó la presión de la primera vez, por lo que en La edad de la peseta asumí la precaución de la segunda, la difícil. Además, Omerta se supedita a un género en el que me siento más cómodo como espectador y realizador. Claro que me gustaría que me quedara bien, pero eso lo quiere todo el que filma. Es muy fácil errar en el cine. El límite entre el bien y el mal es tan estrecho y subjetivo que unas sutilezas pueden destruir el más planificado de los trabajos. Lo mejor que me ha pasado con este filme es que se esté haciendo, pues fue un guión que tras ser rechazado en una primera versión por el ICAIC y dormir dos o tres años en una gaveta sin yo tener mucha fe en él, resucitó como el ave Fénix, por lo que trataré de que no caiga en su intento de vuelo.
Tras las luces y las sombras de Omertá
La dirección de fotografía es una de los factores determinantes en cada película en la que todos sus componentes tienen que ir como las piezas de un reloj determinando cada uno el movimiento del otro. En esta ocasión y desde hace más de seis años Pavel apostó por Luis Najmías quién se alzó con el Coral de mejor fotografía en la 28 edición del Festival de la Habana por su trabajo en La Edad de la Peseta. La historia común de este fotógrafo con el director es demasiado larga como para anexarla a este reportaje. Desde que trabajaron juntos por primera vez casi no han podido separarse. A este artífice de la cámara lo pude atrapar en un instante en que se ausentó el fluido eléctrico en el set y aproveché para ir tras las especificidades de las luces y las sombras de la cinta.
“El tratamiento fotográfico de esta película es bien distinto a mi anterior trabajo. La concepción de La edad… era mucho más clásica que esta que siendo también un filme de época tiene un tratamiento más moderno En la anterior había muchos planos largos, dollys, la cámara muy fija con una precisión casi extrema y en este caso aparecen más las cámara en mano, hay mucha agresividad, por llamarlo de algún modo, sin perder la sensación de la época que se determina en la dirección de arte y de vestuario. La combinación de los colores del lugar con el tipo de luz que deseo emplear para que contribuyan al dispositivo visual de la película ha sido de gran importancia. He tratado de que cada locación tenga un color, un tono un contraste que los distinga de manera tal que, como casi siempre estamos en la casa, sea sencillo para el espectador darse cuenta de que salimos de esa locación.
Trabajar con Pavel…
Pavel y yo tenemos muchas cosas en común, somos ambos cinéfilos empedernidos y hasta compartimos los gustos cinematográficos. Es un realizador que tiene mucha seguridad de lo quiere hacer, tiene un mundo visual muy rico que me hace esforzarme y trabajar con mucha precisión. Lo mío es buscar la luz para la historia que quiere contar para que todo vaya en la misma dirección. Estoy muy satisfecho por como ha ido quedando todo y loco ver al menos un primer corte para apreciar el resultado.
Revivir una época
Trasladar el pasado mediante alegóricos objetos a determinados períodos de tiempo logrando una atmósfera coherente en la cinta es tarea del director de arte. Profesional encomendado junto al director de fotografía de componer la atmósfera, seleccionando aquellos elementos ambientales distintivos a fin de lograr cierto clima y verosimilitud. Es el encargado de concretar la línea artística y estética que se respira en el filme. Entre paredes verdes y rosadas y muebles recién restaurados encontré al experimentado Onelio Larralde, responsable de la concepción estética de Omerta. Con quien hacía tiempo quería trabajar Pavel y al decir del propio realizador “es la persona indicada según su cultura cinematográfica y sensibilidad para desempeñar esta labor en mi película”.
“Había una línea de trabajo impecable como mismo quería Pavel para ir en correspondencia con lo que predomina en la película. Omerta por ser un filme de época lleva una serie de objetos que encontramos en mal estado y tuvimos que reparar. Los elementos de los sets en la casa de Rolo Santos parten todo de una idea conceptual referente a los tonos dorados evocando al oro escondido. Se evidencian contrastes de colores oscuros y claros muy elementales. El diseño generalmente es muy minimal y la semiótica influye sobre todo al trabajar una línea circular en los objetos de la casa en correspondencia al ciclo de vida del protagonista, por lo que se llevó todo a círculos gracias a distintos elementos del diseño que dieron estas impresiones. La cinta pretende ser una superproducción en cuanto a imagen aunque en realidad contamos con un presupuesto medio pero logramos óptimamente los ambientes exteriores de las distintas épocas. La casa principal cambia en dos ocasiones de apariencia por lo que tuvimos que reciclar el mobiliario respetando siempre los códigos del cine negro. Rodar con Pavel fue muy fácil porque también es diseñador y ambos nos complementamos.
Vestir la escena
La presentación y composición exterior de los personajes de esta historia fue tarea del la diseñadora de vestuario Nanette García. Con ella indagamos sobre la imagen de estos actores. “’Desde que hicimos el primer trabajo de mesa en función de la concepción estética de la película me quedó muy claro que el vestuario iba a moverse por los códigos del cine negro, por lo que los azules, negros y grises aparecen con mayor fuerza. Inmediatamente el personaje de Silvana, la única mujer de la historia que transita en las tres épocas le propuse a Pavel que fuera la única que se saliera de esas gamas de colores fríos que marcara una pauta desde su vestimenta. Propuse que llevara colores cálidos y que como un punto de enlace coherente fuera todo el tiempo el mismo tejido, solo variándole el modelo según la época, lo que Pavel aprobó por lo que me sentí muy contenta. La tela es de un color mamey, muy llamativo que le permite expresarse por su ropa ya que es un personaje muy contenido que apenas habla durante toda le película.
Tuve que investigar sobre estas épocas porque no había nacido cuando aquello y estoy muy satisfecha por como ha salido todo. No es un a película compleja porque son pocos personajes y casi toso transcurre en una sola locación y la mayor parte del vestuario tuvo ser confeccionado para la ocasión por los requerimientos de la película.
De Porto a Rolo Santos
En una cinta de pocos personajes gran responsabilidad recae en su protagonista. Pavel siempre supo que Manuel Porto iba a ser Rolo Santos, lo que me acaba de confesar y con él concuerdo en que no podía ser otro el seleccionado.
Los actores le cuentan al público sus personajes actuando pero en exclusiva Porto comentó a los lectores de nuestra revista acerca de su personaje en la cinta.
“Rolo Santos tiene unos 60 años. Es un verdadero hombre de la mafia de aquellos tiempos y fue licenciado por la mafia debido a su edad. Acaba de triunfar la Revolución y se encuentra con este cambio bastante perdido porque se encuentra fuera de contexto completamente. No sabe a que se va a dedicar ni tampoco a que asirse. Creo que es un hombre que pudo haber existido perfectamente, es fiel a los amigos y cree ciegamente en su profesión y a la organización a la que pertenece con una serie de patrones que se incumple le cuesta la vida. El cambio social del cincuenta y nueve lo sacude aunque se le presenta una última oportunidad de su vida. Es un tipo valiente. Rolo con Porto se asemejan en la decisión de hacer las cosas y concordamos en ciertos conceptos filosóficos de la vida aunque nuestra ideología es bien diferente.”
¿Qué impresiones podría comentarme del rodaje y del equipo de trabajo?
Creo que hemos logrado una gran química, una empatía fenomenal en este pequeño grupo de actores y de técnicos. Pavel es muy talentoso e inteligente que no solamente manda si no oye, sabe escuchar y está abierto a sugerencias, No creo que sean muchos los equipos que logren lo que hemos logrado nosotros. Con Pavel se cumple aquello de que el talento no tiene edad al igual que con los jóvenes actores que hacen un trabajo muy serio y satisfactorio. Kike y Yadier teniendo dos personajes muy difíciles los supieron afrontar con dignidad, al igual que los intérpretes españoles. Es importante la retroalimentación que se logra cuando todo fluye. Lo más importante para mí en este tipo de trabajo es lograr un verdadero equipo y esto se ha logrado con creces.”
Antes de marcharme Pavel me da las conclusiones. “Nunca me había sentido tan bien rodando y lo mejor es que siento que a todos les pasa igual. Otra vez me pasa lo mismo que en mi anterior filme, paso mucho tiempo en una sola casa y rodeada de pocos personajes. Estamos en la casa del antiguo jefe de Rolo en la que hay un oro escondido del que el Rolo se quiere apropiar como última misión en su vida. El tesoro es muchas cosas, como el santo grial, es el crecimiento como ser humano, el darse cuenta de que envejecer no es el fin del mundo sino otro escalón. Trabajamos en otras locaciones como varias calles de la Habana y los alrededores del Hotel Nacional, lugar que tiene mucho que ver con el universo de Rolo. Sobre el staff, ¿qué te voy a decir? Luis ha ido creciendo conmigo en casi todo lo que he hecho en los últimos seis años, es muy cómodo trabajar con él porque la comunicación es magnifica, con solo mirarnos ya sabemos lo que funciona y lo que no y de vez en cuando nos sorprendemos yo desempeñando su rol y él el mío. Desde mis últimos borradores Porto era el actor elegido. Por muchas razones por la clase de actor que es, por su mirada, su voz y por su talento claro está. Es un actor que admiraba desde niño aunque el no era ni siquiera cercano físicamente a mi primer Rolo Santos, cuando decidí que era el lo empecé a transformar lo para que se pareciera y entonces todo el que leí el guión coincidía en que el era el ideal, lo describía pasado de peso con mirada de tigre. Con Onelio fue una fructífera experiencia, siempre es bueno sentirse respaldado por alguien como él, al igual que por Nanette y el resto del equipo.
¿Como le contarías la película a un lector futuro espectador?
A Rolo Santos está apunto de derrumbársele la vida, pero un grupo de policías que lo tienen rodeado le inyectan la suficiente adrenalina para terminar su vida como lo que es, un tipo duro…